Previsiones a la baja

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Una rebaja de dos décimas en las previsiones de crecimiento español para el año 2020 parece poca cosa si no fuera porque llueve sobre mojado. Desde finales del año 2015, momento de máximos tras el bache de la crisis iniciada en el año 2008, el PIB español está en fase decreciente, con la particularidad de que en todo momento el país ha logrado mantener un diferencial positivo respecto al resto de las economías grandes de la zona euro.

No ha sido grave la caída en el ritmo de crecimiento de la economía española hasta que en el año 2018 el crecimiento fue ya netamente inferior al 3%. Los tres años boyantes, el trienio expansivo, lo vivió España durante los años 2015, 2016 y 2017, con un promedio algo superior al 3%. El año 2019 ya hemos caído hasta niveles de crecimiento por debajo del 2%, según las hipótesis que se manejan en la mayor parte de los servicios de análisis.

Este año recién iniciado bajaremos al 1,6% de crecimiento en el PIB si hacemos caso al Fondo Monetario Internacional (FMI), que no siempre tiene buen tino a la hora de anticipar resultados. Esta revisión a la baja tiene mayor relevancia porque recorta en dos décimas la previsión realizada en otoño pasado y, sobre todo, porque es la mayor revisión a la baja entra los países desarrollados, aunque también para el conjunto de América Latina se ha aplicado un recorte de dos décimas.

El hecho diferencial, es decir, la mayor rebaja en las previsiones de toda la zona de países desarrollados, tiene un elemento de desencanto en la medida en que la debilidad de la economía española ya no puede ser atribuida en exclusiva a la debilidad de la economía global y, en especial, al menor crecimiento de la zona euro.

Hay factores internos, estrictamente españoles, que pesan bastante en las rebajas que se están realizando para el devenir de la economía española. El menor crecimiento esperado se debe a la menor intensidad en el crecimiento del consumo interno y al debilitamiento de las exportaciones españolas. Es decir, una motivación muy doméstica y otra que tiene que ver con el desempeño de la economía mundial y, en especial, de las economías de nuestro entorno en la medida en que son nuestros principales clientes.

En papel que la inestabilidad política interna haya podido tener en esta tendencia bajista del desempeño económico no está claro, aunque la incertidumbre que ha generado la inestabilidad política puede haber empujado a los consumidores y a las familias a frenar su nivel de consumo y a incrementar, como ya ha detectado algún indicador de carácter financiero, su propensión al ahorro.

Estos indicadores no son en sentido estricto, sobre todo el segundo, un reflejo de la debilidad en el crecimiento, pero terminan por generar efectos negativos sobre la actividad. En la misma medida, la desaceleración en el crecimiento del empleo ha sido un factor de índole negativa a la hora de explicar el frenazo de la demanda interna, que además de afectar al nivel de consumo también tiene su impacto en la propensión a la inversión.