Primer examen español en el Eurogrupo

España se somete este lunes y martes a un primer examen económico ante el Eurogrupo con la exposición que realizará la vicepresidenta del Gobierno, responsable de la economía (Asuntos Económicos y Transformación Digital), Nadia Calviño. Una exposición muy esperada en medios comunitarios y también como instrumento de consumo interno, ya que nos permitirá tener una idea algo más aproximada de cómo ve el Gobierno de Sánchez sus posibilidades a corto plazo para actuar sobre la economía con el objetivo principal de aportar dosis de credibilidad al sostenimiento de la actividad económica, debilitada en los últimos meses a causa de las incertidumbres internacionales.

Pero, sobre todo, hay sectores económicos en España y en el exterior que miran expectantes la forma en la que el nuevo Gobierno español va a lograr mantener e incluso redoblar su esfuerzo por mantener la ortodoxia y mejorar el clima de inversión ante las dudas que inicialmente ha planteado la amalgama política que se ha dado cita en este nuevo Ejecutivo, en el que conviven ministros tecnócratas con buena imagen en el mundo económico y empresarial junto a representantes del populismo y de ministros comunistas.

En Bruselas están también interesados en saber cómo España va a mantener sus  compromisos de respeto a la disciplina presupuestaria. La última referencia en materia de déficit daba ya por supuesto que el importe del déficit público español difícilmente se ajustará al objetivo del  1,7% del PIB anticipado en las últimas comunicaciones oficiales.

No hay todavía una estimación más ajustada de lo que realmente ha sucedido en el año 2019, aunque se da por seguro en algunos medios que  el déficit habrá rebasado el 2% del PIB. La intervención de Nadia Calviño en el Eurogrupo puede dar algunas informaciones actualizadas que permitan ya tener una idea de la desviación presupuestaria, aunque lo importante es el compromiso de lo que pretende el Gobierno para el año 2020, el primer ejercicio prácticamente completo de su trayectoria, en el que parece que se va a reclamar un margen de tolerancia para que el desvío  presupuestario pueda alcanzar los 8.000 millones de euros. El tira y afloja entre Madrid y Bruselas en torno a estas cifras dará una buena medida del grado de credibilidad que tendrá el nuevo Gobierno en el ámbito comunitario.

Pero será  también un corsé que  pondrá un cierto nivel de exigencia a los objetivos y a la política del nuevo Gobierno español, que se verá obligado a  poner coto a algunas de las fantasías populistas y a la expansión del gasto público. El Gobierno ya se ha anticipado dando a entender que el Presupuesto de  este año explorará nuevas posibilidades con figuras fiscales novedosas, es decir, aumento de la presión fiscal. Una estrategia a la que Bruselas no pondrá muchos reparos  si se presenta como forma de controlar el nivel de déficit, aunque en la medida en que una mayor presión fiscal pueda poner en riesgo el crecimiento de la economía y en particular de la inversión tropezará con la correspondiente dosis de realismo.