La baja inflación, un buen apoyo

Ya tenemos el dato de inflación del año 2019, confirmado en el 0,8% por el INE. Es la tasa anual más baja desde el trienio comprendido entre los años 2013 y 2015, momento de menor crecimiento de la economía española en estos últimos años.

Pero la diferencia con aquellos ejercicios es que entonces la economía estaba en parada y ahora crece, no mucho, pero crece en el entorno del 2%, décima arriba, décima abajo. Y ese es el mismo escenario que se prevé para el año recién iniciado. La inflación ha tenido algún componente especialmente díscolo durante el año que acaba de finalizar, por lo que conviene fijarse también en la llamada “inflación subyacente”, es decir, en la variación de los precios sin tener en cuenta la evolución de algunos componentes que son especialmente erráticos, que tan pronto suben como bajan con intensidad, desvirtuando el fondo de las tensiones inflacionistas.

Al considerar esta inflación de base, nos encontramos con la inflación subyacente, que en los últimos meses del pasado año se ha mantenido estable e inalterable, en el 1,0%, lo que muestra bien a las claras que la economía española muestra unos rasgos de estabilidad que no son habituales en nuestro país pero que, en todo caso, aportan un grado de tranquilidad importante para los agentes económicos y sociales.

En interesante subrayar el hecho de que durante el pasado año, la tasa de inflación española ha sido una de las más moderadas de la Unión Europea, ya que la mayor parte de las economías más influyentes de la zona euro se van movido por encima del 1,4% y tasas superiores. Es una buena situación para la capacidad competitiva española y abre las puertas a un mayor dinamismo exportador y a una mejora de la capacidad de ingresos para fortalecer la balanza de pagos, por ejemplo con la mejora de los ingresos turísticos, ya que al ser más moderados los precios en España, los turistas de la Unión Europea se verán atraído por el turismo en España frente a otros competidores de la zona del Mediterráneo.

La suave subida de los precios en España tiene además otros componentes de tipo saludable, ya que frena las tensiones salariales y las políticas de rentas pueden desarrollarse con mayor equilibrio. La influencia que la política monetaria del BCE ha podido tener en esta saludable evolución de la inflación en los países de la zona, en especial en España, parece indudable, aunque esta política no va a ser eterna debido a los efectos negativos que tiene en otras manifestaciones de la economía.

Por lo tanto, el país tendría que estar preparado para afrontar una etapa en la que los bajos tipos de interés dejen de jugar un papel deflacionista como viene sucediendo desde hace seis o siete años. La cultura inflacionista ha estado en el pasado muy arraigada en el país. Ahora, es posible que los agentes económicos empiecen a valorar las ventajas de convivir con una tasa de inflación moderada e incluso inferior a la de nuestros vecinos.