La paz económica entre EE UU y China

La firma de los acuerdos comerciales, prevista para este miércoles, entre Estados Unidos y China puede ser un buen gesto para la tranquilidad de los mercados en la medida en que puede restar las elevadas dosis de volatilidad que están perturbando la evolución de los mercados financieros en los últimos meses. Es también un elemento de tranquilidad porque el acuerdo de no beligerancia entre ambas partes afecta a un tercio del comercio mundial, que es el que suman las dos grandes potencias económicas, aunque en la práctica el efecto será mayor si se contemplan los productos en los que realmente actúa la competencia y la imposición de aranceles de ambas partes.

Pero las Bolsas han recogido con diferentes matices este esperado acontecimiento, sin dejar de preguntarse cuánto tiempo tardará el presidente Trump en acelerar el ritmo de las escaramuzas con que ha sacudido las expectativas económicas. Si se trata de una paz duradera o simplemente de un gesto quizás no tardemos mucho en comprobarlo. Los gestos de buena voluntad, en todo caso, se han multiplicado en las últimas semanas.

La muy reciente declaración del Tesoro estadounidense de retirar a China de la lista de países que manipulan su divisa para mejorar su capacidad exportadora, ha sido el paso más importante dado por Estados Unidos para mitigar la intensidad del conflicto económico y comercial que enfrenta a los dos países desde hace casi dos años. La depreciación del yuan como estrategia de represalia tendente a mitigar el impacto negativo de los aranceles comerciales ha entorpecido en gran medida no solo las relaciones comerciales entre estos dos países sino en un ámbito económico global. Europa está padeciendo también las negativas consecuencias de esta guerra económica subterránea, que tiene en los tipos de cambio su principal arma de represalia. No obstante, algunos organismos internacionales habían puesto en duda la estrategia defensiva de Estados Unidos

La rivalidad entre las dos grandes potencias económicas mundiales tendrá que resolver otros capítulos que están enturbiando las relaciones entre ambas partes. La guerra digital entre ambas potencias puede ser el segundo capítulo de la confrontación, ya que Estados Unidos trata por todos los medios de impedir que China se convierta en el adalid de la tecnología 5G, en donde se encuentran algunas de las claves del desarrollo tecnológico e industrial de los próximos años.

Estados Unidos es un importante productor de componentes para los ordenadores mientras China parece llevar la delantera en el desarrollo del 5G, con empresas de primera fila como Huawei, colocada ya en el punto de mira de las autoridades norteamericanas debido a la importancia que esta tecnología va a tener en el desarrollo de cuestiones que afectan a la seguridad nacional. Huawei ha sido ya objeto de limitaciones comerciales por parte de las autoridades estadounidenses y también por parte de algunas empresas de este país que suministran importantes contingentes de piezas y componentes básicos para las compañías chinas embarcadas en esta nueva proyección de la tecnología de vanguardia, cuyo control será decisivo en numerosos terrenos de la economía, el desarrollo industrial y desde luego la Defensa.