La inmigración gana terreno

La llegada de población extranjera a España se ha acelerado de forma importante en los dos últimos años. En el ejercicio de 2018, el número de extranjeros que accedió a nuestro país (con o sin permiso de residencia) rondó las 244.000 personas, el triple que en el año anterior y casi diez veces más que en el año 2016, que es cuando los flujos de inmigración pasan a tener signo positivo en España tras un largo periodo de salida neta de personas extranjeras, que se desarrolla entre el año 2009 y el de 2015.

La mejora de las condiciones de trabajo y el aumento del nivel de empleo a partir del año 2015, una vez superada la peor parte de la crisis económica, ha sido un importante imán a la hora de explicar este aumento de los extranjeros, que ya superan los 5 millones de personas. Según datos publicados este miércoles por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la población extranjera representa ahora mismo algo más del 10,5% de la población total, una de las cifras más elevadas de los últimos años. Desde finales del año 2012 no se alcanzaba un porcentaje tan elevado de extranjeros en nuestro país.

Este aumento ha compensado la debilidad e incluso el descenso de la población en España, ya que la baja natalidad ha provocado una caída del número de españoles de unos 45.000 durante la primera mitad del año en curso. El saldo vegetativo de la población en España sigue presentando cifras negativas que sólo la fortaleza reciente de los movimientos migratorios ha logrado compensar, provocando incluso un aumento de la población total, que acaba de superar la barrera de los 47 millones de personas. Es decir, España gana población gracias a la aportación de otros países, algunos de nuestro entorno, otros más alejados a los que les resulta indudablemente atractivo el hecho de compartir un mismo idioma.

La tendencia alcista se ha visto acelerada en los dos últimos años sobre todo por la llegada de ciudadanos procedentes de Venezuela y de Colombia, que han sido los dos grandes suministradores de inmigrantes. Marruecos ocupa una tercera posición, como viene siendo habitual desde hace años. Y Europa del Este, que también aporta ciudadanos residentes, han tratado de recuperar niveles de hace años aunque el factor idioma sigue limitando su acceso al mercado de trabajo español.

La afluencia de ciudadanos extranjeros, que además presentan unas características de edad bastante más adecuadas para las necesidades de nuestro país, no solo está contribuyendo al mantenimiento de la población total sino a frenar el preocupante envejecimiento del país. La edad media de los españoles ha rebasado en los primeros meses del año 2019 los 44 años de edad por primera vez, lo que supone 4 años más que en el año 2010 y muy por encima de los 30 años de edad media que presentaba la sociedad española el año 1975.

Este proceso de envejecimiento es uno de los aspectos de la evolución social y económica que más preocupa en la actualidad a los expertos. El porcentaje de españoles con 65 años de edad o superior ya representa más del 19% de la población total. Y los españoles con más de 80 años superan ya el 6% de la población. Son porcentajes que revelan esta situación de creciente vejez en la sociedad, que en alguna medida se está suavizando gracias al peso de los inmigrantes, que tienen una edad media inferior a la española. Además de una tasa de natalidad también apreciablemente superior.