La Bolsa española, a la cola de Europa

En el balance económico del año 2019 deja dos signos contradictorios: España es el mejor país en crecimiento del PIB entre las grandes economías de la zona euro (aunque el cierre  final del año 2019, un 1,9% de crecimiento según los avances oficiales), pero la Bolsa española ha sido la peor  dentro del elenco de Bolsas internacionales de primare fila, incluidas las Europas. Y ello a pesar de que el indicador selectivo Ibex 35 subió un 11,8% en el conjunto del año recién terminado, la mejor  marca en los seis últimos años.

La disparidad de resultados entre la economía general y la Bolsa en particular tiene bastantes explicaciones, aunque quizás  lo que ahora nos importa es si  esta discrepancia se va a mantener en el inmediato futuro, es decir, durante el recién estrenado año 2020.

Lo más llamativo de estas  diferencias entre resultados macroeconómicos y bursátiles   es  el hecho de que la Bolsa española se ha quedado muy lejos en cuanto a resultados de lo que han logrado los mercados bursátiles europeos.  Las Bolsas europeas han  terminado el año con una rentabilidad  media del 24%, es decir, el doble que la Bolsa española, en donde el selectivo ha rozado el 12% de  ganancia en el conjunto del año.

Otro tanto podría decirse de las diferencias entre las Bolsas estadounidenses y la española. El Dow Jones subió un 22% este pasado año mientras el Nasdaq disparó  sus ganancias hasta  el 35%. La vitalidad del sector tecnológico  ha sido el motor bursátil en la mayor economía del mundo.

La diferencia entre las Bolsas, y en especial la baja pulsación de la española, tiene explicaciones regionales y sectoriales. Entre las de tipo geográfico hay que darle una cierta importancia a  la fuerte presencia de empresas  cotizadas en la Bolsa española  en países emergentes. Las economías del mundo emergente no viven su mejor momento, con bajas tasas de crecimiento e incluso en recesión,  y ello se deja notar en el mercado bursátil español.

Pero la mayor influencia durante el pasado año ha sido el componente sectorial de la Bolsa española. El hecho de que el sector bancario tenga un peso del  25% en el Ibex 35 condiciona en gran medida la evolución del índice bursátil español. La banca sigue condicionada  por los bajos tipos de interés y por la modestia de los beneficios, lo que ha  provocado un alejamiento de los inversores de las entidades financieras, la mayoría de las cuales cerraron el año 2019 en números rojos, con pérdidas.

Además de la influencia de la banca en  el conjunto del mercado bursátil español, algunas compañías de tipo individual  y con un peso elevado en el mercado, como Telefónica, han contribuido seriamente a condicionar los buenos resultados de la Bolsa española, en especial cuando se compara su evolución con las demás Bolsas europeas, la mayor parte de las cuales ha llegado a duplicar  el beneficio del sector bursátil español. La asignatura pendiente para este año recién iniciado es  si este diferencial negativo de la Bolsa española podrá ser revertido.