El olvido del déficit

Lo poco que se sabe sobre el programa económico del próximo Gobierno que salga de la inminente sesión de investidura no inspira apenas esperanzas sobre la solución, o cuando menos la corrección, de dos de los grandes problemas económicos del país: la reducción de la tasa de paro y la corrección del déficit público.

A lo largo de estos últimos meses, en los que se han cocinado las alianzas políticas de cara a la fabricación de una mayoría parlamentaria, muy poco se ha hablado de estos dos asuntos ni se han esbozado políticas expresamente orientadas a su corrección. Eso sí, se han justificado subidas de impuestos para contentar a la parroquia política y como arma de castigo para el sector más adinerado de la sociedad. Pero apenas se ha hablado de impulsar políticas, que tanta falta le hacen al país, para estimular las iniciativas económicas y empresariales tendentes a crear empleo, que sigue anclado por encima del 14% de la población activa y son moderadas posibilidades de verse reducido hasta niveles compatibles con la media de la Unión Europea.

La cuestión presupuestaria y fiscal ha sido otro de los grandes asuntos ausentes del debate político, Ni qué decir tiene que se trata de un tema de capital importancia para el funcionamiento adecuado de la economía. Los aumentos de impuestos que se han esbozado no parece probable que vayan a promover un acercamiento al equilibrio fiscal, como se había dicho hace unos cuantos meses.

Lo único que hemos sabido es que las previsiones de déficit para el año en curso han sido revisadas en varias ocasiones, pero siempre al alza. Las primeras previsiones, avaladas por supuesto por las presentaciones oficiales de hace un año, apuntaban hacia el 1,3% del PIB, porcentaje que pronto fue revisado hasta el 1,6% e incluso hasta el 1,8% del PIB. Finalmente, el debate se mueve hoy en la posibilidad de que el déficit del año no se aparte mucho finalmente del 2,1% del PIB que pronostican algunos analistas, entre ellos la mayoría de los expertos de los organismos internacionales.

Con esta previsión para el año 2019, lo que afronta el país en el año 2020 no va a ser mucho mejor, visto el cuadro de medidas fiscales que barajan los partidos políticos coaligados para la formación del nuevo Gobierno. Parece claro que la reducción del déficit y la tarea de recortar la Deuda Pública en circulación, situada ligeramente por debajo del 100% del PIB, no es una tarea prioritaria para el nuevo Ejecutivo y desde luego, más allá de las declaraciones programáticas, nada de lo que se ha dicho que será el eje de la política económica del nuevo Ejecutivo está orientado a buscar estos objetivos.

El hecho de que nos encontremos en una etapa en la que la política monetaria de bajos tipos está afrontando su última fase, lleva a suponer que la tarea de reducción del déficit público se va a volver más complicada en la medida en que el único recorrido que cabe esperar para los tipos de interés a medio plazo es el alcista, cuyo impacto será claramente negativo en las finanzas públicas del país y, por lo tanto, en la evolución de variables básicas como el empleo o los avances hacia un mayor grado de igualdad.