Vivienda, en fase de freno

La euforia inmobiliaria se hace esperar. Este año, la construcción de viviendas puede alcanzar cifras de récord. Ya el año pasado se superó la barrera de las 100.000 viviendas en fase de construcción. Al cierre del mes de octubre se superó la barrera de los 91.100 visados de construcción de viviendas, lo que significa que la cifra definitiva del año que ahora termina podría situarse de nuevo por encima de los 100.000 pisos y quizás batir el récord, tras los espectaculares niveles del año  2009, de esta fase de recuperación.

En España se necesitan más de 100.000 pisos nuevos cada año, por lo que nos  estamos moviendo en las cercanías de la zona de máximos, con clara posibilidad de superarlos  y de mantener un ritmo de actividad bastante sostenido en los próximos años. Sin embargo, en los últimos meses se han empezado a denotar algunas señales de debilidad. Una de ellas es el precio de las viviendas, sobre todo en las ciudades que, como Madrid y Barcelona, atraen las mayores dosis de demanda de pisos nuevos o usados.

Los  últimos datos de precios señalan que en octubre  se ha producido una ligera caída del precio del 2,5% mientras en Madrid la subida de los mismos ha sido de apenas un 1,3%, es decir, muy lejos del ritmo de variación de precios que caracterizó la primera mitad del año, con tasas de aumento que incluso superaban los dos dígitos. En el caso de los precios en Madrid, en octubre estaban un 2,3% por debajo de los máximos históricos que se habían  practicado en julio de este mismo año.

El debilitamiento de los precios es por lo tanto una señal de frenazo en el sector inmobiliario que de momento parece atribuible más a cuestiones relacionadas con la incertidumbre  económica y política, ya que han sido diversas las propuestas que se han manejado en los últimos meses tendentes a modificar el entorno fiscal y normativo del sector. No es una buena la inseguridad jurídica sobre ninguna actividad económica y menos aún en un sector como el inmobiliario en el que  se mueven numerosos intereses, entre ellos la posición de las economías familiares. La vivienda en propiedad, y se podría decir también que la que se gestiona con fines de inversión con destino al alquiler, requieren altas dosis de estabilidad en su regulación. En España el 75,9% de los hogares, según datos del Banco de España del año 2017,  son propiedad de las familias, lo que implica una elevada dosis de sensibilidad a todo lo que afecte a la fiscalidad y a las normas reguladoras del sector.

La incertidumbre que está empezando a dominar al sector, y que se empieza a traducir en una debilidad de los precios de  venta, también se está reflejando en la actividad crediticia e hipotecaria. En octubre, el ritmo de formalización de hipotecas bajó un 2,1% sobre  el año pasado aunque el importe medio de las hipotecas ha sido algo superior. Estas señales de debilidad ya afectan al ritmo de construcción de viviendas, que muestra una cierta caída. La cascada de estos impactos negativos, estrechamente relacionados entre sí,  puede transmitir al conjunto de la economía, incluido desde luego el empleo, señales que no van a ser buenas para el conjunto de la vida económica.