Lagarde, estreno sin cambio de ruta

Los dos grandes bancos centrales, el de Estados Unidos (la Fed) y el europeo (BCE) no han movido ficha en su última sesión del año. Era lo esperado. Incluso en el caso de Christine Lagarde, que estrenaba el cargo y que no ha aprovechado la circunstancia para marcar estilo propio, al contrario de su antecesor, Mario Draghi, quien arrancó de forma fulgurante su etapa al frente de la entidad, con recortes de tipos de interés.

Lagarde tiene un margen de maniobra escaso en estos momentos, aunque la sensación que ha causado entre los inversores e incluso entre los banqueros ha sido positiva y esperan que para su segunda reunión, la economista francesa haya tenido tiempo para elaborar algún tipo de estrategia capaz de sacar a la economía de la zona euro de la actual paralización económica, en la que además se han agotado los instrumentos monetarios y por lo tanto el BCE carece de terapia para cumplir con su principal objetivo, lograr que la tasa de inflación se sitúe en el 2%, algo que no logra desde hace años, mermando de esta forma credibilidad a su papel.

Esta incapacidad para situar a la economía europea en una senda más conveniente para el crecimiento y la prosperidad constituye el principal reto al que debe enfrentarse Lagarde. Si carece de instrumentos monetarios para ello, porque los existentes ya han agotado hasta la extenuación sus posibilidades, con tipos de interés en la zona cero, hay que buscar alianzas, básicamente en el terreno fiscal, impulsando a los Gobiernos a que activen la máquina de la inversión y el gasto público para conducir a la economía hacia un estado de mayor actividad en el que sea posible acercar la tasa de inflación hacia el deseado 2%, lo que facilitaría una mayor intensidad económica.

Estados Unidos lo ha conseguido y por ese motivo el debate económico que se ventila en estos momentos en la primera potencia económica mundial está empleando de forma más activa los instrumentos monetarios, subiendo tipos de interés hasta hace un año, bajándolos desde entonces y a punto de reanudar la senda bajista en la primavera próxima, todo ello con una más que satisfactoria tasa de paro del 3,5%, mínimo en medio siglo.

En todo caso, Lagarde llega cuando las señales de la economía europea empiezan a dar alguna motivación optimista, ya que el BCE ha cambiado el signo de sus estimaciones económicas al alza, hasta el 1,2%, una décima más que hace unas semanas. Es una buena señal aunque alejada todavía del objetivo medio del crecimiento potencial de la economía europea, que está por encima del 2%. La nueva estrategia de Lagarde al frente del BCE no tardará en conocerse, posiblemente para la primavera del año entrante, aunque su puesta en marcha tendrá que contar con el apoyo de las nuevas instancias política de la Unión Europea.