La UE redobla las exigencias fiscales

España fue  el año pasado el país de la Unión Europea al que más pronto se le terminó el dinero del Presupuesto, el 9 de  diciembre. A partir de esa fecha, el Estado español ha vivido a crédito. La media de la UE aguantó con los recursos fiscales recaudados hasta el día 25 de diciembre, es decir, dos semanas más. Solo dos países europeos  (Chipre y Rumanía) tendrían que haber cerrado la caja del dinero público antes que España, en torno al 25 de noviembre. El resto de los Estados miembros (manejando datos del año 2018) pudo aguantar unas cuantas semanas del año 2019. Alemania, con superávit claro desde hace algún tiempo,  pudo aguantar hasta el 15 de enero sin echar mano a la caja de este año.

El ejercicio, que realiza cada año una entidad francesa, muestra hasta qué punto en Europa queda todavía  bastante terreno para ahorrar gasto público, para poder invertir más de lo que se invierte ahora y desde luego para mejorar el gasto en financiar políticas de bienestar.

La publicación reciente de estas cifras coindice con un apremiante llamamiento del Tribunal de Cuentas Europeo (TCE) para mejorar cuanto antes el balance fiscal de los Estados miembros.  El Tribunal reclama mayores poderes ejecutivos para la Junta Fiscal de la UE, ya que los compromisos de control de los déficits públicos y del elevado endeudamiento de bastantes Estados están quedando manifiestamente cortos.   El TCE lanza críticas explicitas hacia Italia y España por las débiles políticas de austeridad que ambos países han desarrollado en los últimos años, a pesar dela buena evolución de algunas economías europeas, en especial la española.

Lo que parece estar ahora en discusión es una reformulación de los objetivos de estabilidad que se definieron hace unos años, antes de la crisis económica. Dos son los principales requisitos que la Unión Europea está deseando revisar: el nivel  máximo de déficit público anual del 3% del PIB y el nivel máximo de endeudamiento, del 60% del PIB. España ha empezado a cumplir el primero aunque por los pelos, ya que el déficit anual apenas ha empezado a bajar del 2% del PIB.

Pero  la mayor papeleta es la del endeudamiento, es decir, el déficit acumulado,  que en estos momentos ronda el 98% del PIB y que en principio habría que reducirlo al 60% del PIB como primer paso, como han  logrado ya Alemania y algún otro Estado europeo a los que ahora se les reclama un esfuerzo en materia de inversión pública para sacar adelante a la economía europea. Está claro que España no se encuentra, ni de lejos, de participar en ese esfuerzo colectivo, que empezaría por aplicar un esfuerzo interno que está bastante lejos de nuestro alcance en las presentes circunstancias. Sobre todo porque se trata de una tarea que requerirá varios años.