Las prioridades económicas de Europa

El debate económico, en especial en Europa, gira desde hace unos pocos meses sobre el papel del sector público en la economía y particularmente sobre la necesidad de dejar a un lado las políticas de férrea austeridad tendentes a respetar como dogma sagrado el superávit de las cuentas públicas. Naturalmente, este debate tiene su epicentro en Alemania, tanto porque se ha convertido en el centro de las discrepancias entre las diversas fuerzas políticas y los grupos de opinión  del país como por el hecho de que, fuera de Alemania, son mayoría los países y las instituciones que presionan a Alemania para que empuje su gasto público y apoye una mayor solidez y vigor en el crecimiento económico del país más fuerte de la Unión Europea.

El debate cuenta con apoyos externos desde los principales organismos internacionales, como el FMI, o de instituciones de ámbito europeo como el Banco Central Europeo (BCE), a donde acaba de llegar  precisamente la hasta hace poco máxima responsable del Fondo y lo ha hecho con el claro mensaje de que sacar a Europa del marasmo (nadie se atreve todavía a hablar de recesión, aunque la propia Alemania se ha salvado de esta situación por muy escaso margen de una décima en el tercer trimestre del año) no puede apoyarse exclusivamente en mantener tipos bajos o negativos, porque ya se están viendo  más inconvenientes que ventajas de una larga etapa de tipos de interés en niveles tan bajos.

Lo que está ahora en la agenda del debate es la forma en la que las economías europeas, pero sobre todo Alemania (que ya acumula varios años de superávit fiscal), deberían dotar de impulso a políticas de mayor gasto que estimulen la inversión pública y  animen a la inversión privada. Incluso se empieza a hablar ya de las áreas en las que esta nueva perspectiva debería afrontar sus tareas, con objetivos a largo plazo y con preferencias por algunas áreas de la actividad económica.

La inversión pública en infraestructuras ocupa la avanzadilla de estas preferencias, seguida por las mayores dotaciones a todo lo que signifique apoyo a la investigación y la tecnología, junto a los esfuerzos destinados a fortalecer los servicios colectivos, como la sanidad y las atenciones sociales en busca de un freno a las situaciones de desigualdad que tanto se están visibilizando en los últimos tiempos debido a la fuerza de las corrientes migratorias.

Estas tres áreas de atención preferente  a la hora de gastar e invertir con la vista en el largo plazo y en la corrección de las nuevas desigualdades sociales que están aumentando en Europa permitirían reequilibrar  en alguna medida los balances presupuestarios, aunque –todo hay que decirlo -, las posibilidades de llevar a cabo estos esfuerzos dependerán mucho de los diversos países de la UE, ya que Alemania va varios años por delante del resto a la hora de hacer realidad estas políticas de nueva exigencia. Pero Alemania es el socio más sólido de la Unión Europea y es por lo tanto el que mayor contribución puede  acarrear a esta tarea, si bien los partidarios de este impulso inversor por parte del líder de la zona euro subrayan el efecto positivo que estas políticas expansivas tendrán sobre el conjunto de la UE y por encima de todos de la propia Alemania.