El atasco de la economía global

La guerra comercial que ha desatado el presidente estadounidense, y a la que han respondido las autoridades chinas con represalias de similar cuantía, le está resultando cara a la economía mundial. Las estimaciones que acaban de lanzar a la luz pública los principales organismos internacionales, como el FMI y el Banco Mundial o la OCDE, evalúan en unos 700.000 millones de dólares o incluso algo más el impacto negativo del conflicto comercial sobre la actividad económica. El PIB mundial perdería entre el 0,8% y el 1% de su valor este año, con riesgo de que en el ejercicio próximo se prologuen los efectos nocivos de esta querella comercial.

Los efectos directos de la batalla comercial pueden tener además consecuencias colaterales que podrían frenar aún más el ritmo de crecimiento económico, que ya se sitúa, según las estimaciones más generalizadas, por debajo del 3% del PIB a escala internacional, es decir, un crecimiento económico que no se conocía desde la reciente crisis económica, que alcanzó su cota más difícil hace seis años. Por lo general, el sentir mayoritario no prevé una recesión económica, es decir, una caída del PIB durante varios trimestres consecutivos, pero los dos años que vienen van a ser de crecimiento débil si los Gobiernos no son capaces de adoptar medidas de corrección.

Hay dos opciones sobre la mesa para salir de este atasco. Una de ellas es la que trataría de extraer los máximos beneficios posibles de una política monetaria muy agresiva, bajando los tipos de interés y reforzando la liquidez, como se ha estado aplicando en los últimos años, aunque con altibajos y con discrepancias entre países, ya que mientras la zona euro ha bajado tipos y los ha mantenido en los actuales niveles desde hace más de seis años, otros países, como Estados Unidos, han aplicado estrategias cambiantes, primero bajando tipos, luego elevándolos hasta la llegada de Trump a la presidencia del país y últimamente adoptando nuevas estrategias de abaratamiento del dinero, en la que se encuentra inmerso el país en estos momentos a pesar de que su tasa de crecimiento ha llegado a superar el 3% y la tasa de paro se encuentra en mínimos históricos, con una situación de pleno empleo que no invita desde luego a dotar de estímulos a la economía americana.

La otra opción, hasta ahora menos aplicada pero que se está abriendo paso como estrategia complementaria al impulso monetario, es el desarrollo de una política fiscal más agresiva y con un mayor protagonismo de las políticas de gasto, sobre todo público.

La discrepancia entre las políticas que desarrollan los Estados Unidos y Europa en estos momentos es palpable. No es el único caso. Hay, en realidad., una diversidad de soluciones y de estrategias que posiblemente están contribuyendo a dotar al conjunto de la economía mundial de una expectativa confusa cargada de inestabilidad. Precisamente la búsqueda de una estrategia coordinada entre los grandes bloques económicos sea la solución más adecuada para afrontar un crecimiento mundial más armónico y, sobre todo, más sólido. Esta solución, la de políticas comunes entre las grandes áreas económicas, es la que están impulsando en la actualidad los principales organismos internacionales, con las dificultades que ello conlleva.