Temores ante el giro radical de la economía española

A medida que se acerca el nombramiento del nuevo Gobierno que ha de formar Pedro Sánchez una vez consumada la investidura (se supone que antes de finales de año) crecen los apremios desde diversos frentes para que España aderece el rumbo de la economía. Hay temores numerosos sobre el rumbo que va a tomar el Gobierno próximo, sobre todo por la indisimulable desconfianza hacia la influencia de los socios que ha elegido Sánchez para su nueva singladura política. De forma explícita o entre líneas, todo son advertencias y precauciones frente a las medidas de carácter populista que podría avalar el aliado radical de los socialistas y que podrían ejercer una influencia muy negativa para el conjunto de la economía.

Uno de los asuntos más candentes es el presupuestario. Este miércoles, altos cargos de la Comisión Europea se han pronunciado con una dureza algo superior a la que acostumbraban hasta ahora para poner en el punto de mira a cuatro importantes economías de la Unión Europea por sus insuficientes esfuerzos a la hora de reducir el déficit y recortar el volumen de sus endeudadas economías en la vertiente de la deuda pública.

En la UE se han ido definiendo en los dos últimos años dos bloques cada vez más diferenciados: los que han hecho sus deberes en materia fiscal (Alemania y Holanda) y aquellos que apenas han avanzado o incluso han empeorado su posición financiera (caso de Francia, España, Italia y Bélgica).

A los primeros se les está pidiendo con insistencia desde hace unos meses un esfuerzo en materia de gasto, para contribuir a reactivar la economía europea. Naturalmente, esa petición de mayor expansión fiscal se basa en el hecho de que tanto Alemania como Holanda han hecho bien sus deberes fiscales en los últimos años y están ahora en condiciones de realizar una contribución expansiva a la economía europea y naturalmente a la suya propia. Al segundo bloque de países, en el que se destaca de forma especial la posición española, se le está pidiendo una estrategia agresiva de contención del gasto y una tarea de limpieza del déficit, destinando a la reducción del mismo todos los recursos excedentes que puedan aparecen en el devenir de la economía.

Esta tarea es especialmente apremiante en unos momentos en los que los tipos de interés empiezan a mostrar señales de tensión alcista, lo que significa que si la Deuda Pública de los países altamente endeudados se ha beneficiado en los últimos años de un coste bajo de financiación, a partir de ahora la situación se está empezando a volver inversa, con el inevitable riesgo de aumento de los déficits públicos en estos países, con España a la cabeza. Los tiempos políticos, sin embargo, no son los más apropiados en el caso español para digerir una política económica de austeridad reforzada, ya que el impulso a los gastos sociales como preconizan los aliados del principal candidato a la Presidencia del próximo Gobierno van justamente en la dirección contraria a los intereses del país, en especial a los sectores económicamente menos dotados.