Seguridad Social, ideología y realidades

Las cifras que sirven para tratar de entender el problema de las pensiones en España ofrecen un aspecto cada vez más preocupante. Y en consonancia con ello, el debate sobre el futuro de la Seguridad Social está pasando de ser una cuestión en la que se enfrentan posiciones ideológicas muy respetables a entrar de lleno en el terreno de los números.

Una de las evidencias que gana terreno, por la fuerza de la realidad, es el creciente envejecimiento de la población, lo que lleva a conclusiones fáciles de comprender: la proporción de personas mayores de 67 años (edad de jubilación a la que llegará España en el plazo de unos meses, tras la subida paulatina desde los 65 años que eran antes el baremo oficial) sobre la población total es cada vez más elevada. Dicho de otra forma, el número de españoles que se ocupa de mantener a las personas mayores va a ser cada vez más bajo. Está pasando, a una velocidad preocupante, desde los 3 activos por jubilado hasta los 2 activos.

En la actualidad la población que ha superado la edad de jubilación representa el 30% de la población en edad de trabajar, un porcentaje que está aumentado a buen ritmo, para llegar a un porcentaje que oscilará, según apuntan las diversas previsiones, entre el 50% y el 70%, en el horizonte del año 2050. Lo más probable es que antes de 20 años haya en España menos de 2 activos por persona jubilada y la edad media de este colectivo será superior a la actual, con todo lo que ello implica en costes sanitarios y de atención a las personas.

Es decir, el peso que deberán soportar los activos por mantener a los mayores va en rápido aumento, con sus implicaciones correspondientes. Una de ellas, claro está, es el impacto en la creación de empleo de la economía. Los mayores costes de las cotizaciones sociales, cuya subida se postula en algunos programas políticos, incluso de forma agresiva, dificultarán cada vez más la creación de empleo competitivo.

Todo ello, si se mezcla con una actualización en las prestaciones por jubilación, como propugnan bastantes sectores sociales (entre otras medidas que llegan incluso a solicitar una vuelta atrás en la edad de jubilación, adelantándola en vez de prolongarla), puede conducir a un balance que resultará insostenible para la sociedad.

El debate está sobre la mesa y entre las iniciativas que últimamente se están barajando para aliviar este creciente desequilibrio está la creación de mecanismos financieros que permitan hacer líquidos los elevados patrimonios que tiene la sociedad española en manos de las personas con edad avanzada, básicamente el patrimonios de carácter inmobiliario, que podrían ser objeto de una puesta en liquidez que mejore simultáneamente la renta de los jubilados y el coste de la vivienda para las generaciones jóvenes. Posiblemente en el sector financiero existen muchas fórmulas y mecanismos capaces de mejorar el rápido desequilibrio al que está encaminándose la sociedad española en su reparto generacional.