Enderezar el déficit

Se presenta un complicado panorama al Gobierno español de cara a los próximos meses cuando tenga que presentar sus cuentas sobre la ejecución y cumplimiento de los objetivos de déficit.  No solo los del año 2019, ya a punto de concluir, sino las perspectivas para el año entrante, en el que habrá ya, se supone, un nuevo Presupuesto, un nuevo Gobierno y nuevas  orientaciones políticas y económicas.

Una de las primeras  dificultades va a ser la de negociar con Bruselas el previsible incumplimiento del objetivo de déficit, que a finales de septiembre se había situado ya dos puntos del PIB por encima del objetivo que se había comunicado a Bruselas. Son  de momento algo más de 20.000 millones de euros que habrá que recuperar en los meses finales del año, cuestión de por sí complicada sobre todo por la losa de la Seguridad Social.

La desviación  de la deuda ha llevado el nivel de endeudamiento del país hasta cerca del 98% del PIB, es decir, unos dos puntos por encima de lo que se había acordado con Bruselas para el conjunto del año. El Gobierno  de Pedro Sánchez ha ofrecido en su momento reducir la deuda sobre el PIB hasta niveles algo superiores hasta menos del 95% del valor de la producción de la economía. De momento, ese objetivo parece bastante ilusorio y lejano, además de estar alejándose de la realidad. Sin olvidar el hecho de que los tipos de interés a largo plazo han comenzado a subir ligeramente, como podremos comprobar en breve, cuando se ejecuten las subastas de Deuda Pública a 10 año, uno de los pilares de la Deuda Pública española.

Este año, la cifra de endeudamiento total ha batido récords históricos ya en dos meses, en junio y el más reciente mes de septiembre. Es decir, el control del déficit está en plena  decadencia, las cifras no sólo no mejoran ni siquiera se mantienen. Por el contrario, estamos con un déficit creciente y esto no augura nada bueno para la posición negociadora española con Bruselas en los próximos meses.

Una de las principales motivaciones de este empeoramiento de las cifras de déficit público viene condicionada por el deterioro de las cifras de la Seguridad Social, que ya ha anunciado su decisión de echar mano quizás por última vez del saldo que aún mantiene en sus arcas el Fondo de Reserva de la Seguridad Social. El organismo pagará la paga de   final de año tomando parte de los 3.600 millones de quedan, lo que podría dejar el saldo final para cuando concluya el año en unos 1.500 millones de euros.

La Seguridad Social acumulará una deuda a finales de año por  una cifra superior a los 52.400 millones de euros y sus posibilidades de reducirla en el futuro parecen escasas, ya que el empleo ya no va a crecer como en años anteriores. De modo que en la mejor de las hipótesis, el déficit de la Seguridad Social añadirá más leña al fuego del déficit en el inmediato futuro. El nuevo Gobierno tendrá que echar muchas cuentas para enderezar todo este  problema.