Los pronósticos se tuercen

No hay unanimidad entre los analistas a la hora de calibrar el impacto que la inestable situación política española pueda provocar en el curso de los acontecimientos económicos. Hay muchos factores externos influyendo, pero la falta de Gobierno en España y de una mayoría articulada en torno a un programa económico sensato es un factor de gran peso en la conformación de las expectativas.

Lo cierto es que los indicadores apuntan cada vez a peor, eso sí, manteniendo a la economía española en el horizonte de al menos los dos próximos años como la que más va a crecer entre las grandes economías de la zona euro. La última previsión de la Comisión Europea apuntando hacia un crecimiento del PIB este año 2019 del 1,9% (2,3% se manejaba en las mismas instancias en las previsión es de la primavera pasada) ha arrojado un poco más de preocupación a los medios económicos.

Faltan pocos días para que se despejen los resultados electorales, cuya principal aportación a la economía será posiblemente la composición del nuevo Congreso con sus expectativas de creación de una nueva mayoría capaz de armar un Gobierno estable para la legislatura. Son pocos parámetros que ofrecen algo de garantía para conformar esa mayoría, aunque habrá que esperar hasta la última hora para tener las correspondientes certidumbres. Como lo más probable es que no exista esa mayoría absoluta, la hipótesis de una alianza de dos o tres partidos es la que posiblemente acabe por abrirse paso. Y un escenario de ese tipo no va a facilitar las cosas a los gestores de la economía.

Las fuentes de debilidad del momento residen, por lo tanto, en la dificultad que tendrá el nuevo Gobierno a la hora de llevar a cabo reformas que sean capaces de corregir algunos de los problemas del momento. Por ejemplo, la necesidad de rebajar, o al menos cumplir, los objetivos de déficit público sin llevar a cabo una política fiscal expansiva, es decir, sin elevar los impuestos, que es la demanda que parece contar con mayor apoyo entre buena parte de las fuerzas políticas.

Esa hipótesis descarta desde luego la formación de una coalición gubernamental con fuerte peso de los sectores progresistas y más a la izquierda del abanico político, aunque no hay que olvidar que cualquier composición gubernamental en España pasará muy posiblemente por algún tipo de alianza con los partidos nacionalistas. El déficit público, en suma, nos impedirá muy probablemente alejarnos del 95% de Deuda en relación con el PIB, un nivel de endeudamiento que no es tan alarmante como el de otros colegas europeos (como Italia) pero que limita bastante la senda expansiva del gasto que sería deseable para activar el crecimiento económico, la inversión y la creación de empleo en la economía española.

Va a ser difícil mantener a la baja los objetivos de déficit público pero esa será posiblemente una de las bases de la estabilidad de la economía si se busca un mínimo nivel de crecimiento, en torno a la senda del 2% anual, por debajo de la cual el desempleo se convertirá en el problema más serio, como la propia Comisión Europea nos acaba de recordar al señalar que antes de dos años es difícil que España logre recortar la tasa de paro por debajo del 13% de la población activa si las cosas no empeoran.