Señales económicas aisladas

Hace dos meses que los indicadores económicos españoles están mostrando un semblante cada vez menos favorable, que tienden a situar el crecimiento del PIB en la zona imprecisa del 2%. El pasado año, el PIB creció un 2,4% según las cifras revisadas hace unas semanas por el INE, reduciendo un poco el 2,6% inicial. Para este año se espera una pulsación generalizada claramente menor, aunque hay oscilaciones según los analistas y según el momento, ya que a medida que avanza el año van apareciendo nuevas estimaciones, ajustando las estadísticas a la nueva realidad. Los acontecimientos de estas últimas semanas en Cataluña pueden contribuir a mermar en alguna medida las cifras del PIB general del país, aunque parece que el 2% se está consolidando como la previsión más razonable.

No obstante, el seguimiento de los datos depara algunas sorpresas que pueden contribuir a mitigar el pesimismo. El último indicador aparecido este mismo martes, aportado por el Instituto Nacional de Estadística (INE), estima que el crecimiento del comercio minorista está evolucionando con una fortaleza inesperada. En el mes de septiembre, el comercio minorista habría aumentado a un ritmo anual del 3,4%, una de las tasas anuales más elevadas de los últimos años.

Es la decimonovena subida consecutiva de este indicador, que se está moviendo a un ritmo impropio de una economía en fase de debilidad creciente, como últimamente tienden a calificarla un buen número de observadores. En los nueve primeros meses del año, el crecimiento del comercio minorista ha sido del 2,3% sobre el mismo periodo del año pasado.

Este ritmo de crecimiento del comercio minorista, en una economía en la que el comercio exterior ha dejado de protagonizar el mayor impulso en el crecimiento del PIB, tiene mayor alcance debido a la tendencia claramente alcista que se está observando en la evolución del ahorro. Pues bien, a pesar de la tendencia defensiva que se deriva de los datos alcistas de la tasa de ahorro, el crecimiento del comercio minorista muestra una positiva evolución del consumo interno, reflejo de una evolución del empleo que no es tan negativa como muestran las cifras de ocupación y paro.

La posibilidad de que la economía vuelva a tasas de crecimiento en línea con las de años anteriores, cuando España llegó a enlazar, a partir del año 2015, tres ejercicios consecutivos por encima del 3% en su PIB, está muy supeditada a la evolución de la economía internacional y en especial del entorno europeo. No pintan bien las cosas en la zona euro debido a las incertidumbres que arroja el desenlace del Brexit. Pero las cosas pueden mejorar si finalmente Estados Unidos y China llegan a un acuerdo comercial más positivo y si la solución del Brexit se encarrila por la menos mala de las opciones. A estos dos factores de ámbito exterior habría que añadirle un devenir más ordenado de los asuntos domésticos, con un Gobierno estable y con ideas claras.