Economía y vejez, problema creciente

El envejecimiento de la población en España es uno de esos asuntos que permanecen semiocultos  en el temario de las conversaciones y análisis que están formulando, cada vez con mayor preocupación, quienes se ocupan por formular previsiones económicas a medio plazo. El nivel de esta preocupación está aumentando con intensidad aunque no lo hace al mismo ritmo que el problema en sí mismo.

Un dato bastante significativo es el que suele aportar periódicamente el Instituto Nacional de Estadística en sus  análisis de población cuando nos recuerda que el porcentaje de la población con más de 65 años de edad se sitúa ahora en torno al 17% de la población total, pero en el año 2050 podría llegar, si las dinámicas de la edad no sufren algún trastorno drástico, hasta el 30% o más de la población. El número de españoles que superará los 100 años de edad está aumentando de forma consistente y acelerada.

Un hito importante en la dinámica de la población se contabilizó en el año 2017, cuando  el número de españoles con edad superior a los 64 años superó los 120 ciudadanos por cada 100 españoles menores de 16 años de edad. La sociedad de viejos avanza de forma inexorable y muchos se preguntan si esta nueva sociedad que se está dibujando en un futuro bastante inmediato podrá ser financiada de forma adecuada, sin que el deterioro del nivel de vida conduzca a problemas colectivos sostenibles, cuya corrección habría que empezar a alimentar a la mayor brevedad posible.

La reversión de esta estructura poblacional tiene, en cualquier caso, dos métodos que permitirían hacer más viable el futuro: alargar la edad de jubilación  y acelerar la tasa de natalidad. En la base del actual envejecimiento de la población y del mayor peso de las personas de edad sobre el total de la población  reside el hecho de que el número de nacidos por cada mujer en edad fértil ha disminuido de forma que podría considerarse excesiva. A mediados de los años70, cada mujer fértil tenía como promedio tres hijos, una cifra que en estos momentos ha descendido nada menos que hasta 1,2 hijos por mujer en edad  fértil.

El mantenimiento de una sociedad de estas características implicará aumentos muy importantes de gastos, en principio públicos,  en materias tales como la sanidad, el cuidado de las personas mayores, la cuestión de la habitabilidad y las viviendas así como de los centros de atención a personas  de edades avanzadas, con una medicina cada vez más especializada pero cuya eficacia y calidad contribuirá precisamente a alargar la edad de supervivencia.

En el caso de la Seguridad Social, el mantenimiento de unas prestaciones por jubilación que no sólo serán más elevadas a medida que pasen los años (los nuevos jubilados perciben salarios más altos que los jubilados que están llegando al final de su vida) sino que serán percibidas por los pensionistas durante periodos de tiempo bastante más dilatados debido al avance de la tasa de envejecimiento. Una ecuación que está llevando a un déficit creciente en este organismo, incluso a pesar de que atravesamos una etapa de crecimiento económico aceptable, con buenas cifras en la creación de empleo.