El peligro de los bajos tipos

Una de las advertencias que ha puesto en circulación estos días el Fondo Monetario Internacional (FMI) con motivo de su reunión anual ha sido el riesgo de los bajos tipos de interés. No es desde luego un asunto novedoso ya que del mismo vienen alertando desde hace algún tiempo los analistas económicos y financieros y, como es lógico, los banqueros, que cuentan en la actualidad con unos márgenes de beneficio muy estrictos.

La fase de bajos tipos que están impulsando los bancos centrales de todo el mundo tiene desde luego sus pros y sus contras, no es una estrategia gratuita ni caprichosa ni fruto de la presión de algunos sectores económicos poderosos o con alta influencia. Bajando los tipos de interés y aumentando la liquidez existente, los bancos centrales han logrado en todo el mundo estimular el crecimiento de las economías para sacarlas del atolladero de hace un decenio, cuando la crisis financiera puso en apuros al sistema económico. Se estima que estas facilidades financieras han provocado un aumento de cinco décimas en el crecimiento del PIB mundial, una contribución realmente saludable.

Pero este tipo de estímulos son saludables cuando tienen una duración limitada en el tiempo, como sucede en muchos campos de la economía. Muchas medicinas son eficaces si se aplican de forma limitada en el espacio y en el horizonte temporal. Pero en la actualidad, a esta expansión de la liquidez y los bancos tipos de interés no se le ve salida sin que ello pueda provocar una situación casi catastrófica. Las empresas se han acostumbrado el dinero barato y muchos países están financiando sus déficits a tipos negativos y a plazos que cada vez son más dilatados.

La osadía de los alemanes lanzando una emisión a tipo cero este verano no salió bien y ha puesto de relieve los límites de esta estrategia. Pero las cosas han llegado a extremos de alto riesgo, como pone de relieve el hecho de que se estén barajando ya plazos de hasta 30 años para empezar a cobrar por emitir dinero. En los casos más habituales, los Estados más desarrollados están ya cobrando por emitir deuda a plazos de 15 años. En el caso español ya hay Deuda Pública (indiciada a la inflación) con tipos negativos al plazo de 10 años. Y por debajo de los 5 años, la mayor parte de la Deuda Pública española goza ya de estos tipos negativos.

Los cálculos que acaba de publicar el FMI ponen de manifiesto que la deuda mundial con tipos negativos ya ha superado los 13,6 billones de euros. Y que las empresas con deuda emitida a tipos de interés que pueden hacer peligrar su devolución porque las empresas no generan los suficientes recursos ya tienen en sus balances unos 19 billones de dólares, el 40% de su deuda total. Es decir, una especie de bomba de relojería que en algún momento habrá que ponerle freno.