Semana clave para la economía

La semana en la que nos adentramos este lunes tiene indudablemente al “procés”  catalán como plato fuerte de la vida nacional, de la política y de la economía. Por encima de todo cabe desear que este  foco de inquietud no genere ningún descarrilamiento en la vida económica, que ya de por sí cuenta con motivos más que suficientes para abonar argumentos por la vía de la debilidad, como el inminente veredicto del Brexit o la crudeza de la guerra comercial entre Estados Unidos y China, con Europa como testigo en primera fila.

Los indicadores económicos han agudizado en sus últimas apariciones los signos de incertidumbre que alimentan la población, las familias y las empresas.  La ministra de Economía, Nadia Calviño, declaró este mismo domingo que la tensión del “procés” ha influido en el crecimiento económico de Cataluña y que esta Comunidad Autónoma habría crecido más y mejor de no haber  afrontado la inestabilidad que ha padecido. El impacto económico en Cataluña no es, desde luego, un hecho aislado en el entorno de la economía española ya que sus daños colaterales afectan al conjunto del país debido a la estrecha interconexión existente entre esta región y el resto del país.

Los  economistas y expertos discuten a estas alturas sobre si nos vemos abocados a una recesión o simplemente a un deterioro en la intensidad de la actividad económica. No hay acuerdo entre los analistas pero sí que existe un alto grado de consenso en lo que a España se refiere cuando se miden los efectos que la inestabilidad política están teniendo en la evolución de algunos indicadores económicos de carácter básico.

Uno de estos indicadores, el crecimiento previsto del PIB, ha saltado estos días hacia la zona que podríamos considerar como de alto riesgo. Bien es sabido que España está siendo en los últimos años la economía europea de la zona euro que más crece entre las grandes. Pero hasta ahora no se habían manejado previsiones tan pesimistas como la que se conoció hace días, cuando los analistas de la Fundación Funcas han esgrimido el riesgo de que el PIB crezca por debajo del 2% por primera vez desde hace unos cuantos años, en particular desde el inició de la recuperación económica, hace cinco años.

La barrera del 2% de aumento del PIB es la que habitualmente ha sido la que ha determinado la capacidad de creación de empleo en la economía española. Por el contrario, cuando ese 2% no se alcanza, la economía no es capaz de generar puestos de trabajo netos y las estadísticas de paro empiezan a sumar efectivos. En estos momentos, este hecho significaría que España podría dejar a moverse por la senda bajista de la tasa de paro y entraría en una etapa de eventual incremento del número de personas en paro sin haber logrado rebajar en la anterior fase de crecimiento el nivel medio de desempleo propio de  los países europeos. Aunque las cifras no siempre hay que dotarlas de un carácter infalible, la barrera del 2% en crecimiento del PIB puede ser uno de los puntos de inflexión que habría que eludir por todos los medios.