El FMI y el oscuro horizonte

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El estreno de la prestigiosa economista búlgara Kristalina Georgieva como máxima responsable del Fondo Monetario Internacional (FMI) ha estado exento de matices. Ha dicho muy claro y bien alto que la economía mundial está en una peligrosa cuesta abajo y con perspectivas muy poco optimistas, ya que el frenazo experimentado por el comercio mundial a causa de las bravatas del presidente estadounidense nos está llevando a algo parecido a una situación de estancamiento de la economía global.

El FMI, que a la vuelta de unos días celebrará su habitual asamblea anual, ha formulado en es.tas vísperas su peor diagnóstico económico de los tres últimos años. Un dato bastante sobrecogedor es el que pone de relieve que el 90% de las economías mundiales va a registrar un crecimiento de su PIB menor este año que en el año 2018. Y las previsiones para el año que viene no parece que vayan a ser mejores, sobre todo cuando se señala que el impacto negativo del frenazo comercial en las economías de todo el mundo va a rondar los 640.000 millones de euros, cerca del 1% del PIB mundial.

Con este panorama, las previsiones de crecimiento en España van a arrojar nuevas dudas sobre el futuro de la economía española, no sólo para el balance final de este año sino para los dos ejercicios que vienen por delante, en los que a las malas previsiones económicas mundiales derivadas del frenazo comercial se van a sumar los problemas derivados del Brexit, que decididamente está tomando el rumbo peor de los posibles, y la propia incertidumbre de la vida política doméstica.

No son favorables las previsiones políticas y menos aun cuando lo que escuchamos en las declaraciones de los líderes políticos para esta larga campaña electoral no dejan de sembrar motivos de preocupación. Al presidente del Gobierno en funciones no se le ha ocurrido otra cosa que alimentar el asunto de la actualización de las pensiones en función del IPC, un tema demasiado desgastado y sobre el que los expertos se han pronunciado una y otra vez señalando que el sistema español de pensiones es inviable tal y como está diseñado en su actual configuración y más aún si se le añaden cargas como la de la subida de las pensiones con arreglo a los dictados del IPC, aunque de momento estos parecen más bien livianos.

Pero si se lleva a la práctica la idea de consagrar esta posibilidad dentro de la Constitución, con un “blindaje” específico, el riesgo para el sistema sería irreparable. Así se lo vienen diciendo los expertos día sí y día también al país y el Gobierno, pero el consejo sigue encontrando oídos sordos, en especial en algunos sectores de la clase política, que consideran que esta promesa de la actualización con el IPC tiene un notable atractivo electoral. Lo malo del asunto es que quienes prometen esa actualización, sin explicar bien de donde saldrá el dinero, ocultan que cuanto mayor sea la remuneración de los jubilados con las prestaciones de la Seguridad Social, mayor será la dificultad de los jóvenes para encontrar trabajo, por la sencilla razón de que el aumento de las prestaciones se tendrá que cubrir o con impuestos o con cotizaciones sociales más elevadas, todo lo cual encarecerá el empleo y dificultará la mejora de la productividad de la economía, en detrimento de las exportaciones y del aumento de los puestos de trabajo.