La dura realidad de las pensiones

La afiliación a Seguridad Social aumento en septiembre pasado en apenas 3.200 personas, la cifra más baja de los meses de septiembre de los últimos años, desde el ejercicio de 2013. Aun así, la Seguridad Social se encuentra en máximos históricos de afiliación, con 19,3 millones de personas. Es máximo histórico en un mes de septiembre, no absoluto. Pero da idea de la buena situación por la que ha estado atravesando la creación de empleo en estos últimos cuatro años, aunque ahora empiece a declinar. Es decir, a crecer con menos intensidad y, quizás, en los próximos meses veamos algún mes en números rojos, es decir, en descenso.

La situación es, por lo tanto, bastante favorable, aunque con dos matices. El primero, el aumento de la afiliación se encuentra en fase de crecimiento cada vez más suave, fruto de la desaceleración económica, lo que significa que el sistema no está en condiciones de alcanzar el equilibrio financiero. La segunda cuestión es aún más preocupante, ya que no resulta previsible que el sistema de la Seguridad Social alcance el equilibrio financiero en el futuro y menos aún tras haber suspendido las reformas del año 2013, que limitaban el aumento de las cotizaciones para respetar el llamado factor de sostenibilidad, es decir, elevar las cotizaciones al margen de otra consideración que no fuera la necesidad de controlar el aumento de los gastos hasta límites tolerables que mejoren las condiciones futuras.

Este miércoles, mientras se conocían las últimas cifras de la población acogida al sistema, el Banco de España salía a la palestra para exponer con crudeza la realidad de las cifras futuras y proponer soluciones. La cruda realidad pone de relieve cómo el aumento de la población se está traduciendo en un mecanismo perverso que hará cada vez más dificultoso el pago no ya de las pensiones actualizadas por el IPC, sino las que se pagasen solamente con el mismo importe que tienen en la actualidad.

Las razones de este deterioro sistemático de la capacidad financiera del sistema tienen mucho que ver como es lógico con la evolución de la población, ya que los españoles viven cada vez más años y, por lo tanto, es mayor el número de años durante los cuales están percibiendo la jubilación, razón que explica algunas reformas que se han llevado a cabo últimamente en países europeos, ligando la edad de jubilación (es decir, alargándola) a la esperanza de vida.

Es una de las soluciones que tendrá que imponerse también en España, aunque ya hay un proceso de alargamiento de la edad de jubilación gradual que está en marcha pero que resultará insuficiente para promover un mejor equilibrio del sistema en términos financieros. La edad media es ahora de 64 años, edad que muchos analistas consideran claramente insuficiente para que el sistema mantenga un razonable espíritu de supervivencia financiera. La edad objetivo de los 67 años tendrá que elevarse en el futuro más inmediato, sobre todo si las fuerzas políticas insisten en mantener esa demanda social, no por ello razonable, de actualizar las pensiones en función del IPC.

Una fórmula que además de elevar el gasto de forma difícil de asumir, creará condiciones mucho más desfavorables para la creación de empleo en el futuro ya que este mayor gasto sólo podrá ser compensado con aportaciones crecientes de los afiliados (es decir, aumento de las cuotas sociales) y con mayores recursos facilitados por el Estado vía impuestos. Todo ello puede conducir a un complejo manejo de la economía y del crecimiento económico futuro.