La UE busca nuevas reglas

Las  reglas presupuestarias y fiscales de la Unión Europea han saltado por los aires en los últimos años. El desigual grado de cumplimiento que han aplicado los diversos países de la zona euro a las normas establecidas  responde a la respuesta que cada cual ha dado a la hora de tratar de frenar la crisis y, posteriormente, intentar impulsar el  crecimiento económico.

Durante las últimas semanas, los  responsables de Economía tanto dela Comisión Europea como de los países miembros han analizado numerosos informes elaborados por los expertos para ver cómo se afronta el problema. La base de la cuestión es que la Unión Europea carece de instrumentos suficientemente válidos para  revertir el crecimiento de la economía, que si en los últimos años ha ido saliendo poco a poco del estado de postración posterior a la crisis iniciada en el año 2008, ahora está entrando en una etapa de ligero descenso del crecimiento del PIB con junto, tal y como ha explicado el jueves pasado el Banco Central Europeo.

Hay una sensación unánime, o casi,  según la cual las medidas monetarias de apoyo a la economía ya no son suficientes para impulsar el crecimiento. Esto lo dicen no sólo los analistas independientes y los expertos, sino los mismos funcionarios y directivos del BCE. La política  monetaria ha agotado ya sus recursos y los pocos que le quedaban han sido utilizados en la batería de propuestas lanzada a los cuatro vientos por Mario Draghi, presidente del BCE, hace unos días, por lo que hay que echar mano de nuevos instrumentos. Y es aquí en donde entra en funcionamiento todo el catálogo de medidas, básicamente  de tipo presupuestario y fiscal, que pueden servir para complementar la batería de medidas monetarias.

Desde hace unas semanas, el tema de moda en los mercados es  la selección de tales medidas fiscales y presupuestarias. Recuerdan algunos expertos que cuando estalló la crisis financiera, allá por el año 2009, la deuda pública representaba en el conjunto de la zona euro el  68,5% del PIB pero esta relación ha subido hasta niveles del 89,2% del PIB, si bien ha estado por encima.

Las diferencias entre países son una muestra de la escasa eficacia que tienen las normas comunitarias en las políticas que desarrollan los países miembros. Y precisamente  la diferencia entre países es lo que permite abrigar ciertas esperanzas de que un cierto grado de disciplina, adecuadamente repartido entre las economías de la zona euro menos cumplidoras de las normas vigentes, podría compensar la  falta relativa de una política monetaria más agresiva de la que acaba de anunciar el BCE.

Por ejemplo, algunos países especialmente incumplidores de las reglas fiscales podrían contribuir a este arreglo de forma altamente satisfactoria. Por citar a la economía con mayor desviación en las normas,  Italia tiene un déficit fiscal en la actualidad (año 2018) del 133,2% frente al 102,4% hace diez años. Alemania, en Cambio, está en al lado virtuoso: frente a un 64,9% de déficit sobre PIB en el año 2008, el pasado año cerró casi al mismo nivel, en el 62,9% del PIB. España, en cambio, fue de los  más incumplidores, ya que si en el año 2008 tenía un déficit del 39,4% del PIB, el pasado año había subido hasta el 99,7%. Encauzar el cumplimiento de una variable tan decisiva como es el déficit fiscal relativo ayudaría mucho a devolver a la UE la senda del crecimiento.