El BCE recorta el PIB

Las previsiones que acaba de anunciar el Banco Central Europeo (BCE) sobre la evolución de la economía europea a medio plazo han confirmado el sesgo claramente negativo que se venía barajando y que daría paso a un cierto endurecimiento de las políticas monetarias de la entidad. En la reunión de este jueves, las previsiones anunciadas han modificado a peor el cuadro macroeconómico, es decir, han restado algunas décimas al crecimiento del PIB para este año y el próximo y han recortado las previsiones de inflación, lo que obligará a un delicado equilibrio entre el carácter expansivo de la política monetaria y la búsqueda de estímulos a la evolución de los precios.

En relación con la inflación, el BCE da por perdidas las expectativas de una aceleración de los precios hasta el nivel requerido y deseable del 2% anual. Más al contrario, el año 2019 acabará con un 1,2% de inflación frente al 1,3% previsto y el año 2020 volverá a producirse otro recorte de la tasa de inflación, esta vez hasta el 1,0% en contraste con el 1,4% que se manejaba anteriormente. El año 2021 podría subir hasta el 1,5%, según las nuevas previsiones del BCE, lo que ya entra más razonablemente en los objetivos globales de la economía.

Para ajustar la política monetaria a estas previsiones, el BCE adoptó este jueves medidas que aprietan las tuercas a los bancos, al rebajar la facilidad de depósito del -0,40% actual hasta el -0,50% con la probable rebaja hasta el -0,60% a finales de año, medidas que se modularán para evitar que tengan un impacto negativo no deseado en las cuentas de las entidades financieras. Al mismo tiempo, el BCE reanudará la compra de activos a primeros de noviembre para retirar unos 20.000 millones de euros del mercado, medida con la que pretende mejorar la financiación del conjunto de la economía.

Las medidas no han causado apenas reacciones en los mercados ya que hay dudas de que con ellas se pueda proporcionar un impulso adecuado a la economía y al mismo tiempo acelerar la tasa de inflación hasta los niveles deseados del 2% anual, algo que en el mejor de los casos tardaría más de dos años en alcanzarse.

De las medidas se puede deducir que la posición financiera de los bancos no va a registrar mejoras sustanciales, como era la aspiración que se manejaba en los mercados. El impulso a la actividad económica para lograr activar el aumento anual del PIB tampoco parece atribuible a las medidas que acaba de anunciar la autoridad monetaria.

Parece claro que solo la colaboración de los Gobiernos, mediante una estrategia fiscal más agresiva que comprometa de forma directa objetivos de inversión y mayor gasto público, podrá sacar a la Unión Europea de los pobres rendimientos que se esperan para estos dos años, según las previsiones anunciadas por el BCE, del 1,1% de aumento medio en el año que estamos a mitad de vivir y del 1,2% para el siguiente, este último recortado de forma sustancial respecto al 1,4% que se preveía hace unos pocos meses.