El BCE modera su agresividad

La penúltima oportunidad que va a protagonizar este jueves el presidente del Banco Central Europeo (BCE) para actuar como tal en la política de la institución se ha ido suavizando a medida que pasaban las últimas fechas. En apenas dos semanas, la presión sobre los tipos de interés de la deuda soberana se ha ido diluyendo hasta tomar una senda bastante más condescendiente.

La influencia de los acontecimientos internacionales sobre los riesgos de la economía mundial tiene mucho que ver con la necesidad de medidas drásticas por parte del BCE, según destacan los analistas. La tensión comercial entre las grandes potencias y los riesgos del Brexit han amortiguado los riesgos de una crisis económica global de envergadura similar a la que se vivió hace diez años. Ese temor se ha disipado en buena medida y así lo están reflejando los mercados.

Los indicadores más directos no han tardado en recoger este nuevo estado de ánimo. La rentabilidad de los bonos españoles a 10 años, que había llegado a situarse cerca del 0%, ha ido subiendo en los últimos días hasta rozar el 0,30%, aunque a principios de año había llegado a situarse en torno al 1,50%.

La carrera recorrida por los bonos españoles ha sido espectacular en su retroceso, pero parece finalmente concluida, al menos hasta que retorne una nueva etapa de aprietos monetarios. Este brusco cambio de las rentabilidades, que refleja un aumento de la confianza de los inversores, se ha producido sobre todo en los tipos de los bonos alemanes, que han llegado a rozar el -1,0% pero que en estos momentos se ha suavizado hasta cotas inferiores al -0,60%.

Con estas cifras, el tono dramático que se atribuía en las últimas semanas a las decisiones que este jueves debería adoptar el BCE se ha diluido de forma considerable. Y una de las muestras de este cambio de rumbo es la reanimación de la renta variable. Los mercados bursátiles, que vivieron un mes de agosto bastante negativo, han comenzado a reaccionar en este mes de septiembre. No han desaparecido los temores a un empeoramiento de la economía, pero sí han perdido algo de dramatismo las señales alarmantes que se observaban hace uno o dos meses y que daban al riesgo de una recesión económica un carácter de inminencia que de momento se ha disipado.

Dicho en otros términos, la etapa final de Mario Draghi al frente del BCE quizás sea menos turbulenta de lo que se aventuraba en muchos medios económicos. Seguir con bajadas de tipos de interés parece de momento descartado, lo que constituye un indudable alivio para las entidades financieras, que acumulan pérdidas importantes con los tipos de interés negativos en las intervenciones del BCE. Por otro lado, el coste de la financiación va a seguir bajo, no más bajo que hasta ahora pero sí bastante favorable para el impulso de la inversión y, por lo tanto, para el dinamismo de la economía.

Se mantienen, en suma, importantes incentivos monetarios para el crecimiento económico, aunque habrá que ver si estos incentivos van a ser suficientes para sacar a la economía del bache en el que se encuentra.