Los mercados necesitan estabilidad

Mientras las dos comisiones negociadoras del PSOE y de Unidas Podemos discutían el contenido del programa de Gobierno que hipotéticamente podrían afrontar para la formación de una nueva mayoría parlamentaria, en medios económicos se hacen cábalas sobre las parcelas de poder que van a pasar a manos del partido morado.

Para asombro, y quizás también para preocupación, de algunos medios económicos, una de las piezas de esa transacción entre los dos partidos con vistas a la formación de un Gobierno conjunto podría ser cesión a Unidas Podemos de la dirección y gestión de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), es decir, la institución que regula los mercados y la conducta de los agentes que en ellos intervienen para garantizar la máxima transparencia y para velar por los intereses de los inversores. Suena bastante raro que un partido político de la izquierda radical se vaya a ocupar de estas labores y sobre todo que pueda inspirar confianza entre los inversores. Sabida es la especial enemistad que este partido político ha reservado siempre para algunas instituciones del mercado, como la existencia o regulación de las sicav, organismos de inversión que habitualmente utilizan las rentas altas para dar cauce a sus inversiones y a la obtención de la rentabilidad más adecuada.

No hay que prejuzgar la eficacia que una CNMV dirigida con criterios políticos tan diferentes a los que han funcionado hasta la fecha, y que resultan bastante homologables con los que funcionan en el conjunto de la Unión Europea. Pero la realidad es que la mera mención de esta posible encomienda de tales competencias al partido de Iglesias ha causado serias preocupaciones en algunos colectivos inversores del país, sobre todo porque la gestión de este organismo bajo criterios tan alejados de los que son habituales en este tipo mercados puede generar un significativo alejamiento de flujos de inversión hacia otros mercados. De hecho, ya es bastante elevada la cuota de mercado que otros mercados foráneos han llegado a acumular a costa de vaciar de flujos de inversión al mercado español, lo que ha restado entre otras cosas capacidad recaudatoria a la Hacienda Pública del país.

La continuidad en la normativa que regula los procesos de inversión es uno de los requisitos que se consideran imprescindibles para retener la gestión de los recursos y dotar de las mejores dosis de confianza a los inversores. Desde que hace unos pocos años empezaron a manejarse las hipótesis de una posible modificación regulatoria de las sicav, el crecimiento de este sector se ha visto penalizado, con crecimientos inferiores a los que presentan otras modalidades de los mercados de capitales. Además, el ámbito operativo de la CNMV es bastante más amplio que el de estas sociedades de inversión y abarca otras muchas instancias, como la Bolsa o los mercados de renta fija, en donde se mueven importantes volúmenes de dinero que contribuyen a dotar de fortaleza a los procesos de inversión de la economía española en su conjunto. En suma, en unos momentos en los que la economía, tanto europea como española, muestra síntomas de incertidumbre y riesgos de pérdida de confianza, la idea de gestionar los mercados mediante criterios de perfil progresista que puedan resultar amenazantes para los inversores no parece la mejor idea.