El automóvil da sustos pero no está en crisis

El mercado del automóvil es posiblemente el que muestra un mayor grado de incertidumbre y desconcierto entre los numerosos sectores de la economía española. Los datos que acaban de conocerse de matriculaciones en agosto, con un retroceso de casi un 31%, no son un adecuado reflejo de la realidad sino más bien un espejismo, ya que esta fuerte caída tiene mucho que ver con el desmesurado aumento que se contabilizó en el mismo mes del pasado año como consecuencia de la decisión anticipada de muchos compradores de coches ante el cambio de las normativas de emisiones.

Si algo requiere un sector económico, sobre todo en la actividad industrial, es un grado lo más elevado posible de previsibilidad. Los bandazos son un mal endémico que algunos Gobiernos no son capaces de controlar y en el sector del automóvil esto ha sucedido, no sólo en España, sino en varios países europeos, con Alemania y Francia a la cabeza.

El anuncio de cambios en la normativa de emisiones, las prohibiciones y limitaciones que se han anunciado para vehículos como los que utilizan el diesel, son lógicos y hasta deseables, ya que se supone que redundan en una mejora del medio ambiente. Pero llevar a cabo estos cambios de forma súbita es lo que afecta de forma nociva a los procesos de toma de decisión de los compradores y, por lo tanto, a la evolución de la producción y la exportación y, a la postre, a las inversiones y al empleo. Y eso es lo que está sucediendo en este sector desde hace alrededor de un año. La normalización de las cifras quizás se produzca en el cuarto trimestre del año 2019, es decir, a partir de septiembre o de octubre de este año, cuando los cambios de rumbo ya están asumidos por los diversos agentes de la economía.

En realidad, el sector va razonablemente bien, aunque España ha encajado un ligero retroceso en la clasificación mundial como fabricante de coches, al bajar de la octava posición a la novena, que ahora ostenta Brasil, aunque quizás de forma transitoria. España ha bajada su ritmo de producción de coches y vehículos industriales hasta situarse algo por debajo de la ansiada meta de los 3 millones de unidades anuales, una cifra que se alcanzó en tres ocasiones, en torno al año 2000 al 2004, y ahora nos movemos en torno a los 2,8 millones de unidades anuales, la mayor parte destinadas a la exportación y algo menos de la mitad a satisfacer el mercado interior.

El futuro del sector pasa por la renovación tecnológica, es decir, por el avance de los vehículos con mayor presencia de la movilidad eléctrica, que tomará el relevo de forma gradual de los coches y automóviles que utilizan combustibles líquidos, derivados del petróleo. España ya ha iniciado la fabricación de algunos modelos que incorporan estas tecnologías pero más de la mitad de los modelos que hay programados para el inicio de su fabricación en alguna de las 17 plantas españolas en los próximos meses, con inversiones actualmente en marcha, ya garantizan que la industria española va a mantenerse como una de las más avanzadas en cuanto a capacidad competitiva en la producción de coches. Hay algo más de 40 modelos (la mitad de los cuales serán fabricados en Españas de forma exclusiva a nivel mundial) dispuestos a tomar el relevo productivo en los próximos meses. El sector español del automóvil, a pesar de lo que aparenten algunas cifras, está lejos de enfrentarse a una crisis de subsistencia.