El avance de los tipos negativos

A mediados del mes de agosto del año 2015, la Deuda Pública española estrenó la era de los tipos de interés negativos. Las políticas monetarias expansivas que han venido aplicando los bancos centrales de todo el mundo a partir de aquel año han acelerado las emisiones de títulos púbicos a tipos cada vez más bajos, hasta situarse por debajo del 0%. Es decir, los emisores no pagan por emitir títulos sino que cobran por ello, tal es la cantidad de dinero en circulación por los mercados.

En estos momentos hay unos 18 billones de euros de títulos emitidos por países (Japón es el principal emisor a tipos negativos, con alrededor de la mitad del importe global) con tipos nominales negativos. Las emisiones lanzadas por España se encuentran entre las más cuantiosas, hasta el punto de que la Deuda española ocupa la cuarta plaza en volumen emitido a tipos negativos.

En un principio se emitían Letras del Tesoro, hasta doce meses de plazo máximo. Pero poco a poco ha empezado a ampliarse el abanico de plazos a los que se han empezado a aplicar tipos de emisión negativos. En el año 2017 fueron los bonos a 3 años los que empezaron tímidamente a cobrar intereses por su colocación. Más adelante fueron los Bonos a 5 años. El plazo al que se le aplicarán tipos negativos sigue en aumento y estamos ahora mismo al borde de rozar el tipo negativo en las Obligaciones a 10 años de plazo. Incluso esta semana Alemania ha intentado, aunque no con mucho éxito, colocar títulos en negativo a 30 años de plazo.

Ahora le toca el turno a las empresas privadas y es probable que ello alcance a las primeras empresas españolas en breve plazo, quizás en una o dos semanas. De hecho, algunas empresas germanas ya han comenzado a lanzar deuda a tipos de interés negativos durante las últimas semanas, caso de Siemens.

En España, los candidatos son algunas empresas con las mejores calificaciones de riesgo, es decir, las que ofrecen mayores garantías de devolución a los inversores, además de ofrecer también altas cotas de confianza a la hora de pagar a los compradores de sus bonos durante el plazo en el que estos se encuentran en activo, normalmente de dos a tres años.

Pero las condiciones de los mercados están evolucionando con cierta rapìdez y a medida que aumentan los esfuerzos de los bancos centrales por estimular la actividad de las economías, se incrementan también los esfuerzos por facilitar la financiación y mejorar los niveles de liquidez.

Los tipos negativos no son una colección de virtudes, ya que provoca fuertes distorsiones en el funcionamiento de los bancos. Aumenta la demanda de financiación, por ejemplo en el segmento hipotecario, como estamos viendo en estos momentos en los que los tipos de las hipotecas están en mínimos. Pero generan distorsiones en la actuación de las entidades financieras al tratar estas de compensar la falta de ingresos por la vía de intereses con el cobro de comisiones por los servicios prestados. En suma, en una situación más bien anómala que tenderá a desaparecer a medida que la economía alcance un nuevo equilibrio. De momento serán una compañía inevitable.