El límite de las pensiones

El coste de las pensiones contributivas de la Seguridad Social rozó este mes de agosto los 9.700 millones de euros, un 5% más que en el mismo mes del pasado año. La mejora del empleo, que crece a un ritmo entre el 2% y el 3% anual, va más despacio, a pesar de que nos encontramos en una etapa de razonable aumento de la ocupación.

La pregunta que se sigue formulando prácticamente todo el mundo es si el sistema será capaz de soportar lo que parece una evolución claramente negativa, en la que los ingresos no están creciendo al ritmo que requeriría la necesidad de las prestaciones económicas. Hay en estos momentos en España unos 2,31 afiliados a la Seguridad Social por cada jubilado percibiendo una pensión.

La solidaridad entre generaciones requiere que esta proporción sea algo más generosa en número de cotizantes. Es decir, hacen falta más cotizantes de los que en la actualidad realizan sus aportaciones dinerarias al ente público que se ocupa de pagar a los jubilados. Una proporción de 3 cotizantes por cada jubilado permitiría reforzar los ingresos de forma sustancial para dar salida a esta demanda social. Esa proporción requiere la creación en los próximos meses de varios cientos de miles de nuevos cotizantes.

Durante el año pasado, los cotizantes aumentaron en 564.000 personas y lograron rebasar la cifra de los 19 millones, cerca de los máximos históricos del sistema. En la actualidad hay un desfase que ronda los 3 millones de personas entre un colectivo y otro. Es decir, que sería necesario crear cerca de 3 millones de empleos para acercar la cifra de cotizantes a esa proporción quizás utópica de tres cotizantes por cada jubilado, algo muy difícil de alcanzar. Por mucho que aumente el empleo, es decir, que lo haga al ritmo de estos años, esa proporción de tres por uno tardará todavía algún tiempo en alcanzarse.

Dicho de otra forma, el sistema de la Seguridad Social va a seguir presentando dificultades para alcanzar unos ingresos que proporcionen los recursos adecuados para una mejora de las pensiones, aunque ya sería bastante positivo que al menos se alcanzara un cierto equilibrio financiero. El impulso a las políticas de empleo es por lo tanto la pieza fundamental para alcanzar un cierto equilibrio entre los dos grandes colectivos del país, los trabajadores y los jubilados, de forma que estos últimos puedan percibir unas rentas más elevadas que en la actualidad.

La demografía y la evolución de la economía llevan rumbos que no van a facilitar en absoluto el logro de estos objetivos, entre otras cosas porque el envejecimiento de la población suma mayores proporciones de pensionistas cada año que pasa, a lo que hay que añadir el mayor coste de las pensiones nuevas que las pensiones de quienes causan baja por jubilación, ya que la trayectoria profesional de unos y otros, y por lo tanto sus ingresos y la generación de derechos, resultan muy diferentes. La solución del problema resulta compleja pero la tensión entre los diversos parámetros que la conforman se mantendrá con el tiempo. Parece inevitable.