Los límites de la Deuda

España no ha aprovechado con suficiente eficacia las condiciones financieras que se han dado en la zona euro para reducir el importe de la Deuda Pública todavía en circulación. Después de cinco años de crecimiento económico más que aceptable, el Estado ha logrado frenar el crecimiento del endeudamiento e incluso iniciar una etapa de descenso. Pero la reducción es bastante modesta.

Si ha llegado el momento de sacarle provecho a esta situación mediante un regreso a políticas fiscales expansivas con objeto de frenar los riesgos de frenazo económico es asunto que los expertos tratan estos días de analizar. Algunas políticas expansivas ya se están analizando en países europeos, como Alemania, aunque se trata de uno de los casos que menos nos puede servir de ejemplo, ya que Alemania ha logrado reconducir su déficit público y por lo tanto cuenta ahora con márgenes más que suficientes para volver a acelerar la máquina del gasto.

Los límites que tiene España en este sentido son bastante más modestos. Este año, el objetivo de reducción del déficit público debería llevarnos a la cota del 95,8% del PIB, un nivel que está bastante por encima del existente en el inicio de la crisis (en torno al 35% del PIB tan solo) aunque ha mejorado de forma poco ambiciosa en los últimos tres años, ya que había llegado a rondar el 100% del PIB. En estas condiciones, apretar la máquina del gasto no es todavía recomendable para España, aunque el riesgo es cada vez menor.

Ello se debe a que la rebaja de los tipos de interés sigue imparable y, con ello, el coste de la nueva financiación del Estado sigue cayendo, lo que redunda en un recorte adicional de la Deuda Pública en circulación sobre el PIB. Este año, por ejemplo, el coste de la financiación nueva está ya por debajo del 0,4%, frente al 0,6% del pasado año. Es cada vez más elevado el volumen de títulos de Deuda Pública que sale al mercado con tipos de interés negativos. Hay emisiones de Letras que están saliendo al mercado a tipos negativos del -0,5% y hasta más negativos aún.

La sensación más extendida señala que varios países europeos se van a lanzar a la puesta en marcha de programas de inversiones públicas tanto en materia de mejora de las infraestructuras como, sobre todo, en el estímulo a las políticas de impulso a las nuevas tecnologías. Europa se está quedando atrás en materia tecnológica y uno de sus sectores clave, el del automóvil, está mostrando dificultades para mantener la cabeza de la clasificación mundial en innovación tecnológica y en el empleo extensivo de nuevos combustibles de baja contaminación.

El impulso con dinero público, además del privado, a estas políticas sería posiblemente una de las tareas a las que se van a destinar recursos crecientes en los próximos meses, aprovechando las políticas monetarias permisivas que están anunciando los bancos centrales para apoyar la lucha contra el frenazo económico.