La doble cara de la crisis

Aumentan sin cesar los temores a una próxima recesión en la economía mundial aunque la mayoría de los analistas se esfuerza en suavizar los términos y  utiliza otros adjetivos más suaves.  Hay muchas motivaciones que alientan en riesgo de frenazo económico pero también  resultan  abundantes las medidas que preparan los países desarrollados y los bancos centrales. Hay ahora más prevención ante un cataclismo económico que en el otoño del año 2008 y los mecanismos de prevención, sobre todo en el sector bancario, parecen más fiables y capaces de evitar un desastre. Diez años no han pasado en balde.

En todo caso, los temores a una desaceleración económica importante persisten. Las variables políticas  están jugando ahora un papel mucho destacado que hace un decenio, ya que la batalla dialéctica y arancelaria entre Estados Unidos y China abre rutas de compleja gestión al comercio internacional. Es posiblemente el elemento más  nocivo de cara al agravamiento de la situación  global, ya que el conflicto entre las dos grandes potencias económicas mundiales incide de forma directa en el nivel de intercambios comerciales internacionales y, a la postre, todo  ello índice en la actividad económica. Además, el contencioso está lejos de ser bilateral, ya que  sus efectos colaterales perjudican de plano a la Unión Europea y a otras zonas del mundo.

Por si el conflicto chino-americano no fuera suficiente, hay otros elementos de incertidumbre muy importantes, desde el riesgo de una  mala gestión del Brexit hasta las crisis políticas que han surgido en algunos países de la UE, como Italia.  Por lo que atañe a España, la falta de Gobierno no está siendo un elemento positivo para la evolución de la economía española. De hecho, en los últimos meses, la actividad económica de nuestro país ha ofrecido señales de creciente debilidad.

La medida en la que esta debilidad nos conduzca a una crisis de  mayor o menor intensidad ocupa en estos momentos las reflexiones de muchos expertos. En principio,  el debilitamiento de la economía española tiene su punto de origen en  la súbita debilidad de las exportaciones y en el desfallecimiento de la actividad en el sector industrial. En sentido contrario, el sector servicios parece mostrar señales de mayor fortaleza.

Este es posiblemente el principal motivo por el que España se mantiene en  una posición económica relativamente mejor que el resto de la zona euro. El PIB español sigue presentando la tasa más sólida de la zona euro entre las grandes economías, a pesar de que el ritmo decreciente de los últimos meses ha sido palpable. Fuentes sólidas de crecimiento  económico en  España, como la actividad en el sector inmobiliario, la todavía creciente evolución de la actividad turística o el sólido crecimiento del consumo privado empujado por el sostenido  aumento del empleo,  han mantenido una fortaleza de momento suficiente para alejar los riesgos de  una recesión.

La segunda parte del año en curso será determinante  para mejorar el rumbo económico.  Los bancos centrales pero también algunas políticas fiscales de  perfil expansivo que se espera  que adopten algunos de los grandes países de la zona euro pueden conjurar los riesgos de fenazo económico.