España tiene menos margen para invertir

La posibilidad de incrementar las emisiones de Deuda Pública para inyectar dinero a las economías y afrontar el marasmo en el que están entrando algunos países desarrollados (todavía no recesión, pero casi), se ha convertido en el debate económico del momento. Hay motivaciones para ello, en algunos países con mayor intensidad que en otros.

Por ejemplo, en Alemania, en donde la actividad económica se ha visto frenada bruscamente debido a la caída de las exportaciones. El mercado doméstico es robusto, pero no crece lo suficiente por la sencilla razón de que el país vive en situación próxima al pleno empleo y apenas tiene márgenes para incrementar el consumo. La única escapada es la inversión y en ello están pensando, con la vista puesta sobre todo en dos áreas, la tecnología y las infraestructuras, dos equipamientos que en el futuro asegurarán más prosperidad y capacidad competitiva.

El aumento de la Deuda Pública parece una buena oportunidad porque vivimos en una etapa de bajos tipos de interés, en algunos casos negativos. Alemania tiene tipos negativos por encima de los 10 años de plazo, es decir, por debajo de los 10 años el Estado cobra por emitir dinero.

En España estamos algo alejados, pero no tanto como parece ya que hay una parte que ya es sustancial de nuestra Deuda Pública que en sus últimas emisiones se está colocando a tipos negativos. Por encima del plazo de 5 años España está lanzando al mercado bonos a tipo marginal negativo y en el plazo de 10 años nos hemos ido acercando de forma sorprendente y la financiación apenas alcanza un coste del 0,2%, coste ciertamente ridículo y que anima a cualquier empresario (en el caso del Estado, desde luego) a lanzarse a la aventura, es decir, a invertir y n buscar nuevas oportunidades de negocio.

Y es lo que se propone realizar Alemania, con un importante programa de inversiones públicas. Hay que hacer notar que la economía alemana ha hecho sus deberes en los años pasados, cuando tocaba reducir deuda y el país lo hizo de forma concienzuda, siguiendo los criterios establecidos en el Tratado de Maastricht, según los cuales la Deuda Pública de un país no debe estar por encima del 60% del PIB sin riesgo de caer en problemas. Ha sido el alumno más disciplinado de la ortodoxia monetaria y presupuestaria, lo que le permite ahora recurrir a la emisión de deuda para relanzar su actividad.

Para España, una estrategia de este tipo tiene sus inconvenientes, ya que la Deuda Pública del país se ha situado en el 100% del PIB, es decir, un 40% más que en Alemania, lo que reduce lógicamente nuestras posibilidades de inversión aún cuando disfrutemos de tipos históricamente bajos e incluso negativos. En factible un plan de inversiones extraordinario para España pero desde luego no de la intensidad y de la ambición del que en estos momentos barajan los alemanes para su país.