Indicadores en baja

Los indicadores de tipo cualitativo y de tendencias que están apareciendo estos días tienen un aspecto realmente malo. Una cosa es que las cifras de la economía presenten un aspecto cada vez menos positivo y otra que las perspectivas que abrigan los medios económicos se decanten por los tonos grises y claramente oscuros cuando se trata de auscultar tendencias.

Acaba de conocerse el índice del Instituto Zew alemán, considerado como el indicador de percepción de sentimientos económicos más fiable de cuantos se realizan en el mundo, con un muestreo mensual en el que se tienen en cuenta las valoraciones de unos 350 analistas e inversores de todos los sectores económicos y áreas de actividad. El resultado que se acaba de conocer muestra la expectativa económica más baja desde el año 2011, una expectativa que se refiere a lo que puede suceder en los seis o doce próximos meses.

Quizás lo más llamativo del nuevo indicador aparecido este martes sea la virulencia de la caída, ya que los descensos anteriores estaban en línea de caída pero con una intensidad bastante razonable y moderada incluso. Esta vez no. En agosto, la brusquedad del retroceso ha sido muy importante. Este indicador cualitativo tendrá que ser refrendado, o no, este miércoles, con la aparición de las primeras estimaciones de evolución de la actividad económica, lo que servirá para dar paso a nuevas previsiones, entre las que no debería descartarse una recesión, hipótesis de momento minoritaria pero que empieza a ganar terreno entre los expertos.

Hay varios motivos para explicar la pérdida de confianza en el futuro inmediato, algunas de ellas relacionadas con datos reales de la economía, como el debilitamiento de las exportaciones, en especial en la zona euro. Pero hay sobre todo motivaciones de índole política a la hora de justificar el creciente pesimismo de los analistas y de los mercados, que se están reflejando ya en indicadores como el alemán Zew o en la encuesta de gestores de fondos de inversión que realiza también de forma mensual Bank of America Merrill Lynch.

Estos factores políticos son básicamente la falta de acuerdo en el terreno comercial entre China y Estados Unidos, asunto que deriva en un choque de alcance político importante, y en segundo término el riesgo de un desenlace conflictivo en el Brexit, es decir, una ruptura traumática entre Gran Bretaña y la Unión Europea. Algunos otros riesgos de tipo político acaban de aparecer en la escena, como la crisis italiana o la falta de un acuerdo de Gobierno en España, hecho este último que ha provocado una drástica caída de las perspectivas de inversión en España por parte de los inversores extranjeros, que se han recortado a tan solo la mitad en apenas unas semanas. La perspectiva de una Unión Europea salpicada por conflictos políticos nacionales y situaciones de vacío de poder no resulta aleccionadora para los inversores. Todos estos factores políticos amenazan con superan la posible influencia positiva que podría activar el Banco Central Europeo (BCE) con sus anunciadas medidas de apoyo económico a partir de este otoño. Parece que, esta vez, las medidas monetarias no serán suficientes.