La  silenciosa caída de la inversión

Hay algunas cifras sobre la economía española cuya evolución reciente,  sobre todo  durante el segundo trimestre de este año, deja bastante de desear. El grado de complacencia sobre el estado de la economía tiene indudablemente muchas justificaciones, pero en la trastienda están creciendo otros indicadores en sentido bastante contrario al que sería deseable.

Se trata sobre todo del nivel de inversión, que en los últimos meses se ha desplomado de forma muy preocupante. La tasa de crecimiento de la formación bruta de capital en su  conjunto  aumentó apenas un  1,2% en el segundo trimestre del año, lo que reflejó un frenazo muy apreciable respecto al crecimiento del 4,7$% que  había registrado en el primer trimestre del año. En comparación con lo que sucedía un año antes, el frenazo ha sido  aún más sorprendente, ya que en el segundo trimestre del  pasado año la inversión bruta estaba creciendo  a un ritmo del 7,5% frente al  1,4% de este segundo trimestre del año 2019.  Gracias a aquel 7,5% de crecimiento de la inversión bruta de la economía, el crecimiento del PIB en los meses posteriores ha podido sostenerse de forma aceptable.

Si del conjunto de la inversión se deduce todo lo relacionado con la inversión residencial y se centra el campo de observación en la inversión en maquinaria y bienes de equipo, que es en donde realmente se generan  los avances  de la economía productiva, la comparación es aún más  llamativa y decepcionante, ya que en el segundo trimestre de este año se ha producido un retroceso del -1,4% frente al aumento del 7,2% en el primer trimestre del año y el 10,3% de tasa anual de crecimiento que se  contabilizó  durante el segundo trimestre del pasado año. La diferencia es  casi abismal y desde luego preocupante.

Las cifras de exportación industrial  están reflejando las consecuencias de este deterioro de la inversión. El  impacto de la crisis comercial internacional y algunas otras inclemencias, como los cambios que se están anunciando en la  regulación de la industria del automóvil, están  generando un clima de incertidumbre que gravita sobre las expectativas empresariales y a la postre en las decisiones de inversión, como ya se ha comenzado a reflejar  en las estadísticas oficiales. Algunos otros elementos que también están ajustando su pulso anímico a las nuevas circunstancias  se han visto ya  bastante reflejados en los flujos de inversión.

La inversión puede considerarse un indicador  anticipado de la evolución económica.  Junto a algunos de los factores ya mencionados que están incidiendo en su frenazo  se pueden añadir otras circunstancias que pueden marcar los acontecimientos a corto y medio plazo, como la inestabilidad política en España, la perniciosa ausencia de un Gobierno estable y los temores que se avecinan de la mano del polémico y peligroso Braxit. La inversión parece haberlo detectado ya con clara anticipación y las cifras reales de actividad económica (PIB, empleo,…) quizás no tarden en sacar  las inevitables consecuencias.