La Fed y Trump, choque histórico

El presidente Trump pasará a la historia por numerosos motivos, la mayoría de ellos poco edificantes. Uno de ellos acaba de producirse: los cuatro ex presidentes vivos de la Reserva Federal (es decir, todos menos el vigente) acaban de unir su firma para exigirle al presidente de la nación que respete la independencia del presidente de la Fed en su toma de decisiones.

Es una demanda insólita, en el sentido de que nunca se había producido antes semejante exigencia en favor de la independencia del banco central del país, que está recogida por la Constitución, con la posición unánime de todos los anteriores presidentes del organismo. Los cuatro ex presidentes vivos de la Fed expresan sin reservas sus críticas a la conducta de presidente del país y subrayan que la independencia de juicio de los analistas de la Fed es la mejor garantía de acierto en favor de la marcha de la economía estadounidense.

No es que haya unanimidad sobre el papel de la Reserva Federal en el funcionamiento institucional del país ni en el de la economía. Ya ha habido algunos analistas de prestigio que han puesto en duda la misma existencia de la Reserva Federal, su utilidad Milton Freedman sin ir más lejos.

Pero la injerencia del presidente estadounidense en las decisiones del máximo responsable de la Fed y su continuada crítica sobre las medidas que adopta o las que deja de adoptar está superando todo lo razonable. Hay que recordar, en todo caso, que al actual ocupante de la Reserva Federal, Jerome Powell, lo designó el propio Trump, que vió con agrado la marcha de Janet Yellen, cuyo mandato expiró no mucho después de llegar Trump a la Casa Blanca. Si no saltaron chispas entre Trump y Yellen fue porque la presidenta estaba cerca de finalizar su mandato y porque cesar a un presidente de la Fed es un acto de clara hostilidad. Pero Trump adopta una posición de claro contendiente político, preocupado por alargar la expansión de la economía estadounidense hasta dentro de un año, cuando el país entra en la recta final de las elecciones presidenciales.

El desatino de Trump ha llegado al extremo de mostrar estos últimos días su malestar por el hecho de que la Fed haya bajado los tipos en apenas 0,25 puntos, cuando en la Casa Blanca se apostaba claramente por un recorte de medio punto, es decir, el doble. Incluso ahora se está abriendo una vía más agresiva, que consiste en presionar a la Fed para que rebaje en un punto los tipos de interés antes del otoño del año próximo, lo que iría en contra de todas las recomendaciones de los analistas aunque convenga a los intereses electorales de los actuales gobernantes de la Casa Blanca. No hay que olvidar que en la última reunión de la Fed, en la que se adoptó el recorte de tipos en 0,25 puntos, la posición de los consejeros estuvo lejos de la unanimidad. Un tercio de ellos manifestó su punto de vista contrario a cualquier recorte.

Trump está furioso contra Powell, al que desea despojar de su puesto al mando de la Fed. Solo el hecho de que exprese estos puntos de vista con tanta acritud y claridad, dejando entrever a cada paso que Powell tiene los días contados en la Fed y que es un cargo político sometido a los caprichos del presidente del país, es toda una declaración de intenciones, que los cuatro predecesores de Powell han criticado con acritud.