Guerra económica abierta

Estados Unidos y China han puesto ya sobre la mesa prácticamente todos los elementos de una guerra económica abierta. El castigo arancelario que anunció hace días el presidente norteamericano ha encontrado respuesta en una depreciación efectiva de la divisa china con objeto de contrarrestar la imposición de aranceles, lo que se traduce en un efecto de similar cuantía, es decir, Estados Unidos sube sus tarifas aduaneras para frenar el avance de las ventas chinas y China baja los precios mediante un menor tipo de cambio para dejar las cosas como estaban al principio.

Está claro que esta guerra económica abierta no puede resultar interminable por muy diversas razones. Una de ellas es porque las relaciones económicas entre ambos países vivirán un fenómeno de reducción al absurdo pero, además, porque China y Estados Unidos no están solos en el mundo. Los efectos colaterales de esta guerra de desgaste terminarán por contagiar a todos los bloques económicos, frenando el crecimiento y el desarrollo de las economías, mermando las tendencias inversores y deteriorando las relaciones financieras.

El siguiente paso, como es fácil suponer, y ya lo anticipaba el propio Trump este lunes, consiste en sacar la artillería financiera. La Reserva Federal está bajando tipos de interés desde hace unos días, una medida que al líder americano le ha parecido moderada porque considera que Estados Unidos debe haber lo posible para evitar que el dólar se aprecie. La depreciación del yuan chino y la bajada de tipos de interés de forma moderada en Estados Unidos son en principio medidas contradictorias. Para que el impacto de la depreciación del yuan chino se deje sentir menos habría que bajar los tipos de interés del dólar no en un cuarto de punto, como acaba de hacer la Reserva Federal americana, sino de forma bastante más acusada.

Lo que parece estar cada vez más claro es que esta batalla de múltiples frentes no hará más que empeorar la situación económica mundial. Todos los acuerdos que en materia comercial y arancelaria así como los equilibrios que respetan habitualmente los bancos centrales en las políticas monetarias adoptados a lo largo de los últimos años están empezando a saltar por los aires. El imperio de la bilateralidad está sustituyendo a un orden económico global que hasta ahora había ido funcionando con mayor o menor eficacia. Pero funcionaba y, además, era susceptible de perfeccionamiento.

La falta de respeto a las reglas económicas internacionales que regían hasta la fecha las relaciones económicas en el mundo está haciendo saltar el sistema por los aires. El Brexit, todavía no consumado pero en trance de ejecución para finales de octubre, ha sido el primer paso. La guerra abierta entre los dos grandes colosos mundiales de la economía son palabras mayores. Los dos desencuentros pueden tener efectos devastadores que posiblemente superen en intensidad la crisis iniciada en el año 2008. Solo una negociación entre las partes interesadas y la adopción de reglas claras y respetadas por todos podrá salvarnos de este abismo.