Draghi y Lagarde, juego de dos

Lo que vayan a hacer Mario Draghi y Christine Lagarde al frente del Banco Central Europeo (BCE) durante los próximos meses va a ser objeto de permanente debate y  especulación ya que se trata de un cambio relevante al frente de una de las instituciones económicas y financieras más importantes del mundo. Pero, sobre todo, lo trascendente del asunto se debe  tanto al hecho de que  la entidad se encuentra ante un necesario cambio de orientación como a la diferente personalidad de quienes asumirán sus riendas en este periodo de tránsito.

Draghi y Lagarde cuentan con  trayectorias profesionales muy diferentes, con especializaciones muy dispares en sus funciones y con tipos de  influencia y relaciones también muy distintos en las esferas de la vida política y económica por las que han transitado a lo largo del tiempo.  No defraudará, por lo tanto, el hecho de que  sus métodos y sus políticas al frente del BCE en los próximos meses marquen, o puedan llegar a marcar, importantes diferencias.

De entrada, la llegada de ambos, con siete u ocho años de distancia (según el momento que se tome como punto de partida para sus políticas) marcará bastantes diferencias porque  el BCE en la etapa de Draghi ha agotado una buena parte de las medicinas susceptibles de ser utilizadas para estimular la economía europea. Lagarde se encontrará previsiblemente con la botica mucho más mermada en existencias medicinales, ya que su antecesor ha hecho uso intensivo de algunos de los  procedimientos y de los fármacos necesarios para curar las enfermedades.

De entrada, el volumen de activos (tanto públicos como privados) en manos del BCE es en la actualidad de una cuantía muy considerable, que difícilmente puede ser objeto de una ofensiva expansiva debido al riesgo de llevar el balance de la entidad hasta extremos temerarios.  Tampoco   hay márgenes claros para bajar tipos de interés, a diferencia de la Reserva Federal de Estados Unidos que lleva varios años elevando sus tasas y que ahora puede afrontar un recorte de tipos con finalidad expansiva.  Estas dos vías las ha utilizado Draghi hasta la extenuación. Se podrá realizar  una valoración más o menos positiva de sus resultados, pero el empleo  intensivo de las  compras de activos y de las bajadas de tipos de interés dejan ya escaso margen para el protagonismo de la política monetaria.

Si en el terreno meramente  monetario se han  explorado las posibilidades al máximo, la nueva etapa que  se abre para  los máximos responsables del BCE, con Lagarde a partir de noviembre como   cabeza visible, tendrá que explorar el uso de los mecanismos de política  económica  general, terreno en el que el BCE  es más un testigo que un actor, pero en todo caso  la capacidad persuasoria de Lagarde, bien curtida en las negociaciones con Gobiernos al más alto nivel tras su paso por el Fondo Monetario, tendría que resultar sustancial en esta nueva etapa que se avecina.  La UE  tiene pendiente integrar las políticas económicas y monetarias en un intento más  fructífero para buscar  un verdadero Gobierno económico, una tarea que con la llegada de la nueva presidenta del BCE puede asumir mayores responsabilidades.