El testamento de Draghi

Mario Draghi ha iniciado su despedida de la presidencia del Banco Central Europeo (BCE) con dosis de ese tremendismo muy italiano con el que había dado sus primeros pasos al frente de la institución. Draghi entró en el BCE a primeros de noviembre del año 2011 y ahora cumple los 8 años reglamentarios, en concreto el 31 de octubre próximo.

Y las cosas no están rodando como pretendía ni como había proclamado aquel famoso 26 de julo del año 2012, cuando ya estaba sobre la mesa en toda su extensión la crisis económica que luego se intensificó. Draghi prometió entonces “hacer todo lo necesario para salvar al euro. Y, créanme, será suficiente”. Su escueto programa incluía acelerar la tasa de inflación hasta el 2% y dotar a la economía europea de la consistencia suficiente para retomar el crecimiento, la inversión y el empleo, todo ello poniendo en marcha un ambicioso programa de estímulos monetarios, entre los que se incluían bajadas de tipos de interés y compras de activos públicos y privados, por un importe que ha llegado a superar los 2,5 billones de euros.

Parte de esos estímulos ya está clausurada, pero Draghi se encuentra ahora, en los momentos finales de mandato, con un balance que no es exactamente el que soñaba hace siete años. Este jueves, el directorio del BCE ha analizado la situación económica. El diagnóstico no es precisamente brillante ni está en línea con lo esperado, lo que significa que Draghi afronta un segundo plan de rasgos algo parecidos al de hace siete años, con la particularidad de que la primera versión no ha dado los resultados apetecidos, es decir, la economía europea no está financiándose conforme a los deseable, la tasa de inflación sigue persistentemente por debajo, incluso bastante por debajo, del 2% que se había intentado alcanzar, los tipos de interés están en la zona cero e incluso por debajo y el sector bancario clama por una subida que permita a las entidades bancarias recuperar márgenes de beneficio.

Draghi tiene que entregar el relevo de la institución a la francesa Christine Lagarde en el plazo de unas semanas. Pueden suceder dos cosas: que intente aplicar un drástico plan monetario en línea con el que puso en marcha hace siete años (incluyendo incluso una ligera bajada de tipos de interés) o que le pase simplemente la tarea a su sucesora, que parecería bastante más lógico, ya que será Lagarde la que tenga que afrontar los problemas económicos en Europa desde el BCE en los próximos 8 años.

La hipótesis de una anticipación por parte de Draghi parece haber ganado tiempo en los últimos días, lo que parece indicar que los problemas económicos y monetarios en la zona euro no admiten retrasos ni dilaciones. Las cifras que maneja el servicio de estudios del BCE sobre la economía en la zona euro parecen haber causado bastante intranquilidad a sus directivos.