Deutsche, un giro bancario relevante

Casi no pasa una semana sin que  salga a la palestra alguna reflexión, unas más profundas que otras, sobre el futuro de la actividad bancaria. Qué va a ser de los bancos es una cuestión que interesa cada vez de forma más acuciante a expertos y sobre todo a  estrategas de las propias entidades. Este fin de semana ha saltado al primer plano de las consideraciones un estruendoso plan de reorganización nada menos que del Deutsche Bank, el que fuere en tiempos el mayor banco de Alemania y uno de los líderes de la banca mundial y por supuesto europea.

El Deutsche Bank (DB) no levanta cabeza desde hace unos años, en los que ha tenido que bregar con importantes multas y sanciones en diversos mercados, sobre todo en Estados Unidos.  El banco germano acaba de anunciar un drástico recorte de personal, supresión del dividendo ordinario durante dos años y ahorros de costes en diversos capítulos de su estructura para afrontar las nuevas tareas  bancarias en las que espera reforzar su presencia, no solo en Alemania sino en los principales mercados en los que opera.

El anuncio del DB coincide con  el relevo al frente del Banco Central Europeo (BCE), la máxima autoridad bancaria europea, que se producirá en breve con la llagada de la francesa Lagarde y la marcha del italiano Mario Draghi, tras ocho años al frente de la entidad.  Los expertos y analistas han sido bastante benévolos con este relevo al frente del BCE, aunque no han ocultado muchos de ellos la escasa experiencia con que cuenta la actual directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) en cuestiones bancarias e incluso de política monetaria.

Esta es posiblemente una de las ocasiones en la que esta experiencia resulta más necesaria habida cuenta de los cambios de tipo estructural que se están produciendo en el sector bancario y en las utilidades de las políticas monetarias. El relevo al frente del BCE tendría que haber entrado más en valoraciones económicas y financieras, especialmente bancarias,  en vez de formar parte del intercambio de influencias políticas que finalmente se ha impuesto. Francia podría haber logrado sus objetivos de contar con un francés al frente de esta importante entidad, y de esta forma salvar la “cuota” que le r corresponde en las instituciones de la UE como uno de los grandes países de la organización, echando mano de alguno de los  representantes con que cuenta en el alto directorio del banco y que habían sido mencionados ya en las últimas semanas como candidatos con posibilidades.

La revolución que se está produciendo en el sector financiero en estos momentos, y de la que el giro de Deutsche Bank no es más que una muestra  posiblemente de carácter defensivo, pasa por una toma en consideración de la influencia que las nuevas tecnologías están ejerciendo en relación con la actividad  bancaria, con especial protagonismo de los llamados GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) y los fintech. La irrupción de nuevos protagonistas y nuevas modalidades de funcionamiento de los mecanismos  financieros y bancarios van a exigir una respuesta urgente y drástica por parte de los reguladores bancarios, en especial del BCE y los bancos centrales.