La dictadura de los tipos negativos

La rentabilidad de los bonos españoles a 10 años de plazo ha caído este miércoles hasta el 0,20%, un nuevo récord histórico. La caída en picado es general en toda la deuda pública de los países desarrollados, entre los cuales destaca Alemania, cuyo bono público principal, el bund, está en negativo desde hace pocos meses y se movía estos días en el -0,38%. Es decir, la prima de riesgo o diferencia entre los bonos españoles y los alemanes a 10 años de plazo ha descendido por debajo de los 60 puntos básicos, algo insólito hace unos pocos meses, ya que por debajo de los 100 puntos básicos eran pocos los analistas que esta primavera apostaban por semejante hipótesis.

Con tipos de interés tan bajos, las implicaciones para el conjunto de la economía son muy numerosas y no todas ellas favorables. Una de las consecuencias evidentes es el hecho de que con tipo de interés tan bajos en los títulos de Deuda Pública, la financiación del Estado se abarata y perite por ello destinar recursos a otros menesteres distintos al pago de tipos de interés. Pero se trata de un arma de dobla filo, ya que al ser tan barata la financiación del dinero público, la propensión al gasto público aumenta y con ello se produce un incremento del desequilibrio financiero del Estado y en general del sector público.

En la actualidad, el Estado está realizando ya buena parte de sus emisiones a tipos negativos, es decir, que cobra por emitir títulos. Hace ya bastante tiempo que las Letras (que se emiten a plazos entre 3 y 12 meses) se lanzan al mercado a tipos negativos, es decir, el Estado cobra por lanzar Letras del Tesoro. En los Bonos a 3 años, los tipos están en negativo también desde hace bastantes meses mientras que los Bonos a 5 años de plazo de amortización han empezado a colocarse entre los inversores también a tipos negativos. En los últimos días, el tipo negativo ha llegado a los títulos de Deuda Pública que tienen vencimientos de 7 años o menos. Se estima que un 40% de la Deuda Pública mundial, básicamente de los países desarrollados, está en negativo en la actualidad, una situación que no tiene precedentes y que rompe las consideraciones convencionales.

Por lo tanto, la marea de los tipos de interés negativos se está extendiendo de forma aparentemente imparable. En estas condiciones, la política presupuestaria de austeridad está seriamente dañada y existen muy pocos incentivos para reducir la enorme masa en endeudamiento público, que roza el 98% del PIB. Este porcentaje apenas ha disminuido de forma sustancial en los últimos años a pesar de que el PIB lleva cuatro años creciendo a ritmo medio cercano al 3%.

La baja predisposición a recortar la Deuda Pública es por lo tanto la consecuencia menos agradable del abaratamiento del dinero, aunque desde el punto de vista de los mecanismos de inversión y gasto, los bajos tipos contribuyen al crecimiento, ya que abaratan la inversión y estimulan el consumo. La bajada de tipos está siendo suficientemente intensa para que este proceso multiplicador sobre los mecanismos económicos haya proporcionado mayores ventajas y avances en la expansión económica. Por desgracia no está siendo así, aunque los bancos centrales están por lo general dispuestos a mantener su apuesta para que la economía no se deslice hacia el estancamiento y la recesión, alargando la etapa de tipos bajos.