Alquileres y pisos para todos

El rápido despertar de la actividad en el mundo de la vivienda y los inmuebles debería tener una valoración altamente positiva en la medida en que contribuye a estimular la actividad económica y aumentar el nivel de empleo, dado el carácter multiplicador de todo lo que rodea a la vivienda, sobre todo en la faceta de la construcción, aunque también en la de los alquileres.

El crecimiento, acelerado primero en los alquileres, luego en la construcción, aunque este más pausado, vuelve a crear tensiones hasta el punto de alimentar los temores de nuevas burbujas. En el alquiler, este riesgo empieza a ser bastante real, a pesar de que en España hay un predominio todavía muy acusado de la propiedad de la vivienda. Pero la crisis de los últimos años y el hecho de que las nuevas generaciones dispongan de menor disponibilidad de ahorro, además de la importante subida de los movimientos migratorios hacia nuestro país, han sumado sus rasgos para hacer del alquiler una fórmula cada vez más mayoritaria del acceso a la vivienda.

Por este motivo, los precios de los alquileres están aumentando de forma muy considerable, un fenómeno que se vive con creciente intensidad en algunas ciudades europeas, como Berlín, Lisboa o Viena, pero también en otras muchas. De hecho, Berlín ha tomado ya cartas en el asunto con una decisión municipal bastante polémica pero drástica, como es la congelación de los precios de los alquileres durante cinco años.

No está claro que la competencia legal de la vivienda sea un asunto de ámbito preferente ni siquiera exclusivo municipal, como están recordando en los últimos meses muchos Gobiernos europeos, entre ellos el español, con sentencias de tribunales superiores de por medio. El Supremo español acaba de darle un importante varapalo al Ayuntamiento de Barcelona, anulando su polémica tasa a los pisos vacíos. La congelación de los precios en Berlín está también en trance de pleito político y judicial.

El acceso a la vivienda se ha ido convirtiendo en un asunto esencial para los países desarrollados. La falta de viviendas suficientes es un problema para importantes núcleos urbanos. En teoría se podría esperar que un aumento del valor de los alquileres sería una buena evolución para estimular que la construcción de pisos experimentase una aceleración importante, ya que el alquiler, incluso sin precios desorbitados, reforzaría su condición de actividad rentable y remuneradora del ahorro, como ha sucedido y de hecho sucede en algunas zonas en las que el alquiler no se ha ido por las nubes.

Pero está claro que en la construcción de viviendas hay un déficit importante que n o se resolverá dejando al propio mercado la resolución del problema. Con alquileres más elevados mejoran las expectativas de la construcción, que se vuelve una actividad más rentable, pero en paralelo aumenta la precariedad social, ya que se incrementa el número de ciudadanos que se queda fuera de las posibilidades de acceso a la vivienda. La búsqueda de un equilibrio entre las dos vertientes del problema (alquileres asequibles y aumento de la oferta de posos disponibles para todos los sectores de la sociedad) requiere adoptar medidas equilibradas y de ámbito no solamente municipal.