Una fórmula económica para gobernar

Es bastante lamentable que a España le esté costando más trabajo formar un Gobierno con apoyo parlamentario suficiente para gobernar con estabilidad durante toda la legislatura que a la Unión Europea  modelar sus órganos de gobernación para los próximos años. Es una comparación que puede resultar un tanto atípica o incluso heterogénea, pero en teoría las posibilidades de poner de acuerdo a los partidos políticos españoles que sean capaces de impulsar y sostener durante una legislatura completa un programa de Gobierno deberían ser mucho más asequibles que en otras latitudes  en las que, como en la UE, están en juego muchas más variables y hasta variantes ideológicas.

Lo que no entenderán muchos electores es la razón por la que encuentra tantas dificultades la creación de  un Gobierno de coalición en España que reúna los diputados necesarios para armar una mayoría absoluta.

La España de los extremismos, incluyendo los sectores moderados pero partidarios de algún tipo de separatismo (a la postre, la España no constitucional), tiene escaso recorrido a la hora de formar una mayoría parlamentaria, de forma que por exclusión, la suma de los tres grandes partidos de centro, acogiendo importantes sectores de la derecha civilizada y de la izquierda no radical, acumula suficientes votos para la creación de ese Gobierno ampliamente mayoritario, cuyo programa de Gobierno no se tardaría más de uno o dos días en redactar cuando se trate de impulsar los  puntos vertebrales esenciales que requiere el país para una buena gobernación.

Es por este motivo por el que muchos españoles  no entienden las actuales dificultades para formar Gobierno, partiendo como es lógico de la base de que la presidencia del Ejecutivo deberá recaer, como no, sobre el líder del partido más votado, es decir, Pedro Sánchez. Se trata de una exigencia del sentido común aunque no estaría de más dotarla de un cierto reconocimiento legal, vía Ley Electoral o de la propia Constitución.  Pocos cosas esenciales (personalismos aparte) distancian al PSOE, del PP y de Ciudadanos a la hora de formar un Gobierno de amplio apoyo y con unos puntos de Gobierno esenciales que sean admitidos y aceptados por estas tres fuerzas políticas. Para los matices hay otros caminos y otras alianzas posibles, siempre que los políticos estén dispuestos a orillar las actitudes maximalistas que con demasiada frecuencia esgrimen. Pero mientras se escarba en el contenido de esos matices, lo que no entendemos los españoles es que se encuentren paralizadas las cuestiones esenciales.

De los puntos que se pueden considerar esenciales está, como es lógico, la economía y sus cuestiones colaterales, como la normativa fiscal, la mejor regulación del empleo, la financiación de la Seguridad Social, el trato del ahorro, los estímulos a la investigación y el desarrollo tecnológico, la mejora del inacabado proyecto de reforma educativa, las políticas de igualdad a diversos niveles o la  adopción de políticas de Estado en materia de medio ambiente. La economía, en suma, con todas sus exigencias colaterales, no puede quedar postergada por discrepancias de orden menor. La sociedad española no lo entendería y el coste de semejante retraso no será liviano.