La baja inflación, una ayuda

La tasa de inflación española se ha hundido en junio hasta niveles del 0,4%, cifra desconocida desde hace el otoño del año 2016, cuando la tasa de inflación empezó un nuevo ciclo alcista tras una temporada de retrocesos ocasionados por la crisis económica y en especial por el descenso de los precios de la energía.

Con esta caída del índice de precios de consumo, la economía española acumula dos meses consecutivos de fuerte retroceso en los precios, lo que es una buena razón para esperar una aceleración en el crecimiento del consumo privado en los meses venideros. El poder adquisitivo de los salarios está experimentando una aceleración importante en estos momentos. Además, la presión en favor de un aumento mayor de los salarios se ve afectada por la baja tasa de inflación, lo que favorece un menor grado de conflictividad en la economía y en cualquier caso una mejora del poder adquisitivo.

La baja tasa de inflación tiene implicaciones económicas colaterales importantes, en particular sobre la evolución de los tipos de interés. El Banco Central Europeo (BCE) tiene fijado un nivel del 2% para la tasa de inflación idónea para que la economía se comporte de forma armónica y equilibrada. Está claro que nos encontramos muy lejos de ese objetivo del 2% desde hace tiempo, Hay un déficit de inflación considerable que los tipos de interés no pueden modificar ya que elevar los tipos implicaría en estos momentos un serio quebranto para la actividad económica, que se está beneficiando de una política monetaria bastante expansiva.

El hecho de que la inflación se encuentre muy por debajo del objetivo establecido aleja por lo tanto las posibilidades de una modificación al alza en los tipos de interés, como desearían algunos sectores económicos. Habrá que esperar por lo tanto que las bajísimas tasas de inflación permitan mantener un nivel de crecimiento de la economía que conduzca a un aumento gradual de los precios como consecuencia de la presión creciente de la demanda.

La cuestión es que la debilidad de los precios en estos momentos no depende solamente del juego de la oferta y la demanda sino que responde a motivaciones de otra índole, como los precios de las materias primas, en especial de las energéticas. Los conflictos internacionales que de forma puntual afectan a los movimientos de los precios de la energía son pronto contrarrestados por el juego de la oferta y la demanda de crudo, que se encuentran en una posición de bastante equilibrio, entre otras cosas por motivos de índole estructural, ya que las nuevas energías están restando importancia a los flujos de salida de crudo a los mercados internacionales.

Con la inflación razonablemente controlada, la economía española tiene buenos motivos para lograr un crecimiento económico sostenido, como viene sucediendo desde hace cuatro años. Todo parece indicar que a corto plazo, este crecimiento sostenido no experimentará serias alteraciones. Y la baja inflación es uno de los factores que está contribuyendo a ello.