Momentos difíciles en la industria

En la industria española empiezan a agravarse algunos problemas. Los primeros síntomas se empezaron a manifestar el pasado año con la amenaza de cierre de las plantas de aluminio de Alcoa en Avilés y Galicia. En paralelo, uno de los sectores más potentes y dinámicos de la industria española, el del automóvil, ha entrado en una fase de retrocesos que parece no tener fin. Hay varios cientos de miles de personas afectadas por estos dos sectores, en especial el del automóvil, lo que implica una importante amenaza para el empleo y para las exportaciones.

La decadente trayectoria del automóvil tiene su inicio este pasado otoño, cuando empezaron a dejarse sentir las medidas de tipo medioambiental que van a provocar un cambio apreciable en los sistemas de producción del sector, junto a las crecientes restricciones para los coches equipados con motores diesel y la amenaza de restricciones a todos los que utilizan combustibles tradicionales como la gasolina.

El impacto negativo no se ha hecho esperar en la industria española, ya que la pérdida de fuerza de las ventas de coches en Europa, el principal mercado de la automoción española, se ha traducido en siete meses consecutivos de descenso en la salida de vehículos desde las plantas de montaje españolas.

La caída de la producción en los cinco primeros meses de este año ha sido del 5,6%. En el conjunto del año 2018, la producción de coches descendió un 1% y ya fue el primer aviso negativo tras varios años de brillante crecimiento, en el curso de los cuales las 13 plantes españolas del sector de la automoción se han visto premiadas con notables aumentos de pedidos y sobre todo con la adjudicación de algunos de los nuevos modelos que las multinacionales del sector destinan a la renovación de su gama, premiando a las plantas más eficientes.

Las fábricas españolas han empezado a resentirse de las nuevas orientaciones fabriles del sector a pesar de que España cuenta con una base productiva, la integrada por la industria auxiliar o de componentes, que está considerada como una de las mejores del mundo. De hecho, el sector de los componentes para la industria del automóvil cuenta con unas 350 fábricas distribuidas a lo largo de todo el mundo, con presencia en unos 35 países, gracias a su elevada capacidad de innovación y a las inversiones realizadas en los últimos años. En todo caso, la venta de automóviles a los principales mercados europeos se ha visto afectada por la nueva normativa que trata de mejorar el medio ambiente.

Como consecuencia, las exportaciones han descendido en este mismo periodo de cinco primeros meses del año en un 5,7% hasta quedar en poco más de un millón de unidades. El nivel de empleo ha reflejado ya en el sector principal (es decir, sin industria de componentes) una caída del 2,5% durante el pasado año en relación con el año 2017. En la industria hay unos 236.000 puestos de trabajo que pueden menguar de forma gradual en los próximos meses a juzgar por algunos expedientes de regulación de empleo en marcha o previstos o a causa de algunos programas parciales de recorte de la producción. El sector del automóvil, en suma, no atraviesa un momento boyante. Y con él, la industria en conjunto puede enfrentarse a horas de cierta dificultad.