Los tipos bajos, ¿benefician a los bancos?

Nadie o casi nadie esperaba que sobre un asunto tan aparentemente sencillo como es el impacto de los bajos tipos de interés en los beneficios del sector bancario se iba a desatar una polémica de altura. Llevamos ya varios años de tipos de interés bajos, incluso negativos, y hasta ahora se daba por buena la afirmación de banqueros y analistas, según la cual los bajos márgenes del negocio financiero estaban erosionando los rendimientos y los beneficios de las entidades bancarias.

Pero ahora parece que hay puntos de vista discrepantes y que estos proceden además de los banqueros centrales, es decir, de los dirigentes de entidades como el BCE, el Banco de España y algunos otros de similar autoridad. O sea, de quienes fijan los tipos de interés. No es que hayan tenido en las últimas semanas un ataque de mala conciencia, pero no deja de causar extrañeza que ahora algunos banqueros centrales salgan a decir que los bajos tipos de interés no solo no perjudican a los bancos sino que les están siendo de ayuda.

Este giro se produce tras ocho años de silencio y, en todo caso, a los pocos días de que las autoridades del BCE hayan anunciado un nuevo aplazamiento en la vigencia de la etapa de bajos tipos de interés. Parece que no se moverán al alza hasta mediados del año 2020, es decir, para dentro de un año. Esta circunstancia es bastante favorable para las tesorerías de los Estados miembros, ya que con bajos tipos de interés, buena parte de ellos incluso negativos, a los Gobiernos se les abarata el coste de la Deuda Pública, es decir, es una buena oportunidad de controlar el déficit estatal.

España es uno de los grandes países beneficiados por los bajos tipos de interés en lo que atañe a las cuentas públicas, ya que todos los activos que emite el Estado a 5 años o a plazos inferiores se están emitiendo con tipos negativos. Esta misma mañana del jueves, los tipos a 5 años se han colocado en el mercado con tipos marginales del -0,17% y a 3 años al -0,4%. Es decir, el Tesoro está cobrando dinero por recibir créditos de los inversores. Y ello afecta ya a la mayor parte de la Deuda Pública de nueva emisión que sale al mercado, algo nunca visto.

Pero en el mercado financiero las reglas de juego no son exactamente las mismas en todos los segmentos ni para todas las actividades. Los tomadores de crédito (empresas y familias, además del propio sector público) están encantados con los bajos costes de la financiación, en mínimos históricos. Pero en el mercado, quienes prestan el dinero son los bancos y el diferencial que logran al prestar ese dinero es cada vez más reducido, a pesar de que a los bancos también les está resultando barato pedir dinero prestado.

El margen entre lo que cobran por prestar dinero y lo que pagan por recibirlo prestado ha ido menguando con el paso del tiempo. Y eso ha repercutido de forma significativa en los resultados bancarios. Para defender el beneficio, los bancos han abordado una ingente tarea de adelgazamiento, que se ha reflejado en cierre de miles de oficinas y recorte de plantillas. El empleo en el sector se ha reducido en unas 100.000 personas en apenas diez años, incluyendo las tres grandes operaciones que ahora mismo hay en marcha.

Casi un 35% de los efectivos humanos ha abandonado el sector desde el desencadenamiento de la crisis hace unos diez años. Y, en principio, este panorama es el que vivirá el sector a corto y medio plazo. Una subida de tipos de interés no arreglará las cosas desde luego, aunque podría mitigar en alguna medida el impacto en el tamaño del sector.