La demografía, un problema económico

El problema demográfico español se está agravando con el paso de los años, incluso a pesar del no siempre bien explicado y comprendido asunto migratorio, que está contribuyendo a mitigarlo. La población española es un serio problema económico y cada año que pasa las cifras muestran su empeoramiento.

La información que acaba de proporcionar el Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre lo sucedido durante el pasado año presenta rasgos de notable gravedad. De entrada, el número de fallecidos superó al de nacimientos en más de 56.200 personas durante el pasado año, cuando en el año 2017 la cifra había sido superior en 30.800 personas. O sea, de un año para otro casi se ha duplicado el descenso de la población. El descenso de la población no se debe a que muera mucha gente sino a que el número de nacimientos se encuentra muy por debajo de lo que es propio de un país como el nuestro, que de hecho ya no contaba con una tasa de natalidad espléndida, pero ahora nos encontramos con una clara crisis de incremento de la población.

El pasado año nacieron en España 369.300 niños, un 6% menos que en el año 2017. Esta cifra equivale a 1,25 niños por mujer, menos que los 1,31 niños del año anterior y bastante por debajo de lo que se considera tasa natural de mantenimiento de la población. Además, de los 1,25 niños por mujer nacidos el pasado año, las madres españoles dieron a luz 1,19 niños de media, lo que significa que la tasa de natalidad entre las mujeres no españolas ha sido superior y está contribuyendo a que el retroceso de la población no sea mayor.

Además, esta cifra de 1,25 niños por madre, española o no, es la tasa más baja desde hace casi dos decenios. En concreto desde el año 2012. La participación de las madres extranjeras en el número de españoles nacidos el pasado año ha aumentado ya hasta el 20,6% del total, frente al 19,3% que representaron en el año 2017. Cifras que, en definitiva, muestran cómo la población extranjera está contribuyendo de forma sustancial a mitigar el debilitamiento de las tasas de natalidad de la población española.

Entre las razones que se esgrimen para explicar la menor natalidad de las mujeres españolas se menciona el retraso en la edad de dar a luz el primer hijo, que ya ha subido hasta los 31 años, según las cifras del año pasado. En el año 1980, la edad media de las españolas que daban a luz a su primer hijo era de 24,8 años. La diferencia es suficientemente importante como para dar una explicación razonable a las diferencias culturales y de costumbres que separan a los niños de hoy respecto a los de hace unos pocos decenios.

Las cifras de mortandad y de natalidad, unidas a los incrementos que se están experimentando en la esperanza media de vida (que se ha situado ya por encima de los 83 años, una de las cifras más altas del mundo) tienen como es lógico una importante influencia en la situación de la economía. En especial para el sistema de la Seguridad Social, ya que el peso de la población de mayor edad aumenta a pesar de que la mortalidad supera a la natalidad debido a que los españoles con más de 65 años de edad tienen un peso creciente en la pirámide poblacional.