El petróleo juega al alza

El conflicto en Oriente Medio puede empeorar, dicen los analistas políticos y los expertos en seguimiento de la vida petrolera. El ataque sobre dos buques de transporte en el estrecho de Ormuz ha vuelto a desatar las preocupaciones y aunque el aumento inmediato del precio del petróleo apenas se tradujo en una subida del 4%, hay inquietud en el sector.

Los precios del petróleo son muy volátiles, siempre lo han sido, y en estos momentos hay muchos factores que apuntan hacia un escenario explosivo que podría afectar a la estabilidad de los precios del crudo tan deseada no solo por los grandes consumidores internacionales sino por algunos de los grandes productores, como Arabia y Rusia. El objetivo de 70 dólares por barril es el punto de coincidencia de muchos de los protagonistas del sector, pero la situación dista mucho de ayudar.

La crisis de las relaciones entre Estados Unidos e Irán está bastante lejos de resolverse, según los expertos. La visita estos días del primer ministro japonés a Teherán para tratar de ejercer sus buenos oficios y jugar el papel de mediador entre las dos partes se ha saldado con un estrepitoso fracaso. Los sucesos de estos días con ataques a buques de países bastante neutrales han contribuido a acelerar los temores. Por la zona en la que se han producido los ataques a los dos buques de transporte de productos derivados del petróleo pasan muchos miles de barcos cada año, una parte importante del crudo y de los derivados del petróleo que se consumen en el mundo.

Faltan pocos días para la próxima reunión de la OPEP, fijada para los días 25 y 26 de junio, y el horizonte se encuentra muy abierto debido a la incertidumbre de la economía mundial y al impacto que la crisis comercial pueda tener en la demanda de energía.

Los riesgos de caída del precio del crudo, que es lo que movilizaría más claramente a los productores de la OPEP a reforzar sus acuerdos de limitación de la producción (algo que ya han declarado que afrontarán en cualquier caso), no parecen grandes. Entre otras cosas porque la presión de algunos productores destacados está siendo débil. Ni Venezuela logra salir de sus problemas ni Estados Unidos logra acelerar como pretendía su propia producción tras los últimos avances de las técnicas de extracción. Y las sanciones contra Irán se encuentran en una situación complicada, de modo que un aumento de las exportaciones de este país tras el reforzamiento de las sanciones estadounidenses, no se contempla ahora mismo como una hipótesis viable.

Ni qué decir tiene que si los riesgos de conflicto en la zona del Golfo Pérsico aumentan, las expectativas de caída en los precios del crudo desaparecerán por completo. Por lo tanto, y al margen de la menor presión de la demanda de crudo, los riesgos en cuestión de precios son más fuertes al alza que a la baja. No es una buena noticia para la economía, en especial para las economías europeas, muy dependientes del precio del crudo, pero entre los diversos factores en juego, la hipótesis más descartable es la que empujaría los precios a la baja.