Absentismo, la huelga invisible

Las pérdidas de horas de trabajo en España es un mal endémico que la economía padece desde tiempo inmemorial. Puede incluso, a fuerza de alimentar la costumbre, que no parezca extraño que de vez en cuanto se alcance el récord histórico de absentismo laboral. El récord se ha batido efectivamente el pasado año, con una tasa del 5,3%, lo que equivale a unos 753.000 españoles que no han pisado ni un solo día al año su puesto de trabajo. Es la huelga de mayor impacto real de la economía a pesar de su escasa visibilidad.

Las estimaciones corresponden al estudio anual que realiza la compañía especializada en selección de personal Adecco, un estudio bastante riguroso que cuenta con la colaboración de las mutuas de accidentes del trabajo y algunas entidades relacionadas con la seguridad. Llama la atención que en un año bastante favorable como el de 2018 para el empleo, cuando en algunos sectores existen incluso lamentaciones sobre la falta de efectivos para cubrir puestos de trabajo, la tasa de absentismo vaya en aumento, nada menos que tres décimas (del 5,0% al 5,3% de un año para otro) en tan corto espacio de tiempo.

Hace ya bastantes años, en una reunión internacional celebrada en Madrid bajo la organización de un organismo internacional, algunos especialistas en mercado laboral de Japón mostraron su extrañeza por las elevadas tasas de absentismo que se detectaban en las estadísticas españolas. “Esos niveles de ausencia al trabajo se parecen bastante a los que teníamos en Japón después de la II Guerra Mundial”, comentaba uno de ellos. Es también llamativo el hecho de que en España las condiciones climáticas son precisamente de las más favorables, por lo que no existen las circunstancias de dureza del clima o de adversidades para las posibilidades de transporte que inviten a la gente a permanecer en sus domicilios en vez de acudir al trabajo.

Naturalmente, las condiciones del mercado laboral y de la vida de la población tras atravesar un periodo bélico de tal envergadura como el que vivió Japón a partir del año 1945 generan situaciones muy especiales. Pero la situación española actual, cuatro años después de haberse iniciado la recuperación de la economía, dista bastante de la excepcionalidad de un conflicto bélico. Estamos más bien ante un problema de raíz cultural, que evita penalizar la ausencia injustificada al trabajo, una forma de conducta en la que tienen que ver no solo los trabajadores sino las propias empresas y los organismos públicos. Todo ello en un país en el que la tasa de paro es una de las más elevadas entre los países desarrollados.

El coste que tiene el elevado absentismo para la economía es muy elevado. Los analistas lo estiman en más de 85.000 millones de euros durante el pasado año, incluyendo la mayor partida, que es la del lucro cesante. Pero solo para las empresas, el coste directo estimado ronda los 6.900 millones de euros anuales. El coste mayor lo soportan las empresas industriales, en donde las tasas de absentismo rondan el 5,6%, aunque el sector servicios no le anda muy lejos, en torno al 5,4%. La toma de conciencia de esta lacra tendría que suscitar algún tipo de reacción tanto en las empresas como en los organismos públicos responsables de las políticas de empleo como en las organizaciones sindicales, cuya labor debería también centrarse en estimular la productividad empresarial como fuente importante de creación de riqueza y, a la postre, de inversión y de empleo.