Gobierno sensato y que dure

Los medios económicos contemplan con perplejidad y con preocupación el largo proceso de gestación de una nueva mayoría parlamentaria que sustente un Gobierno estable y de larga duración. Son pocas las premisas sobre las que se asientan los deseos del mundo empresarial en lo tocante a la gestión de la economía, pero al menos hay dos que a estas alturas no están ni de lejos garantizadas.

La primera, que España goce del beneficio de un Gobierno estable y de duración adaptada al ciclo parlamentario, es decir, a ser posible un Gobierno de cuatro años de duración en lo esencial, sin cambios bruscos, lo que no implica que no puedan intercalarse retoques de menor cuantía con el fin de aplicar algunos ajustes. La segunda premisa deseable entra más de lleno en lo económico, es decir, disponer de un programa que facilite la continuidad del actual ciclo de crecimiento, cuya principal virtud ha sido la de mantener a la economía española durante cuatro años seguidos a la cabeza del crecimiento económico, con el PIB más alcista entre las grandes economías de la Eurozona.

Se trata de dos premisas bastante razonables pero que a estas alturas distan mucho de tener garantía de viabilidad. Los resultados de los dos procesos electorales han proporcionado, ciertamente, un panorama disperso en la representación parlamentaria, con ausencia de una mayoría clara. La fabricación de esta mayoría absoluta puede ser objeto de alianzas a la derecha o a la izquierda del partido que mayor representación ha logrado en las elecciones, el PSOE. Pasan los días y no parece que haya una predisposición clara a un pacto, máxime cuando existe una clara asimetría entre las tres esferas de la representación política, es decir, la nacional, la autonómica y la municipal.

Las combinaciones posibles son muy numerosas, lo que significa que los socialistas, sobre todo ellos, por ser el partido más votado, tendrán que llevar la batuta de las alianzas lo que no les debería privar de alguna renuncia de menor fuste, con la cesión de algún territorio autonómico o municipal, aunque sin olvidar que el Gobierno de la nación, en donde se ventilan además las cuestiones de Estado, es el territorio principal, allí en donde se pueden y deben arbitrar las políticas de ámbito estatal que son las que tienen más densidad y mayor influencia colectiva a la hora de mover los hilos del país.

Las últimas impresiones que se pueden deducir de los contactos entre las fuerzas políticas principales parecen reforzar la idea de que Pedro Sánchez está convencido de que debe apuntalar un Gobierno sólido y capaz de desarrollar políticas homologables con el resto de la Unión Europea con una alianza preferente, la que le conduciría a un pacto con Ciudadanos, una fuerza situada a la derecha del PSOE pero con una posición marcadamente centrista que permitiría generar amplios grados de apoyo en sectores políticos y sociales, además de una buena acogida en medios internacionales, en especial europeos. Esa alianza, que encuentra cierto rechazo en sectores del Partido Socialista y de la propia formación que comanda Rivera, parece configurar en estos momentos el mejor menú en preferencia sobre las demás opciones, unas de difícil gestación por sus propias convicciones, otras porque encontrarían un rechazo manifiesto en sectores de la sociedad.