Nombres y programas para el BCE

La Unión Europea se encuentra a punto de afrontar la recta final para ejecutar el relevo en la presidencia del Banco Central Europeo (BCE). El mandato de  ocho años del italiano Mario Draghi expira a finales del mes de octubre y los candidatos para ocupar su sillón no escasean. El relevo llega en un momento delicado, como ya sucediera cuando accedió al cargo el propio Draghi, en medio de una tormenta que estuvo a punto de hacer capotar el euro.

La última andanada de decisiones y declaraciones del actual gobernante parece haber dejado el camino más o menos despejado para un año vista, ya que el mandatario que está a pocos meses de decir su adiós último ha asegurado que los tipos de interés no se moverán con bastante probabilidad hasta dentro de un año.

Quién va a tomar las riendas del BCE en los ocho años que vienen es uno de los misterios que envuelven a día de hoy las complejas aguas de la diplomacia comunitaria, aunque nombres no faltan. Otra cosa es que haya ideas claras sobre la política que va a seguir el próximo mandatario de las finanzas europeas, ya que los márgenes de operatividad en el terreno estrictamente monetario parecen muy menguados. La  modesta travesía de la economía europea en los últimos meses y los menguados pronósticos que se manejan de cara al inmediato futuro deberían dejar paso a algunas reflexiones no estrictamente monetarias para sacar del atasco al PIB comunitario. Más flexibilidad a la política monetaria en la zona euro no sería por fuerza una solución feliz porque cabe dudar de su eficacia, sobre todo si se contempla de forma aislada.

En suma, el espaldarazo que necesita la economía europea para recuperar el dinamismo de sus mejores etapas no pasa exclusivamente por las buenas ideas que se le ocurran al próximo máximo responsable del BCE. Los analistas están ahora mismo preocupados por otros frentes que están debilitando el devenir de los asuntos económicos en la zona euro. Y  uno de ellos, quizás el más importante, es la falta de dinamismo en el sector industrial y, a la postre, en la capacidad exportadora, algo que tiene que ver con dos variables principales, una buena capacidad competitiva y un papel de vanguardia en materia tecnológica y de innovación. En estas dos vertientes, la economía europea parece estar seriamente condicionada.

De momento, el debate sobre el relevo al frente del BCE parece más centrado en la identidad del posible ocupante que en la política que deba seguir para impulsar el crecimiento y la recuperación económica de la zona con medidas que no se centren exclusivamente en la vertiente monetaria.

Los nombres que más vienen  sonando desde hace tiempo para abordar la difícil tarea de manejar la nave económica y financiera de la zona euro  son el del alemán Jens Weidmann, el noruego Olli Rehn y el finlandés Erki Liikanen. Los tres cuentan con avales técnicos más que suficientes, aunque es posiblemente Weidmann, por su condición de alemán y de persona de  confianza de las altas esferas tanto del Gobierno germano como de la Comisión Europea, el que llega a la recta final con más puntos que sus rivales, a pesar del marchamo de personaje adusto y poco flexible de que ha hecho gala en su  trayectoria profesional tanto al frente del Bundesbank como en los círculos políticos y financieros europeos.